Paraguay hizo historia: eliminó a Alemania y unió a toda Sudamérica en un solo grito

Tras igualar 1-1 en los 120′, la Albirroja ganó desde los 12 pasos: Orlando Gill tapó dos penales, Canale metió el decisivo y sentenció la clasificación a los 16vos de final.

La selección paraguaya protagonizó una de las mayores hazañas del Mundial 2026 al dejar en el camino a Alemania en los octavos de final. Tras empatar 1-1 y vencer por 4-3 en los penales, la Albirroja desató una ola de festejos que cruzó fronteras. Desde Argentina hasta Brasil, pasando por Uruguay, Chile y Colombia, la región entera se rindió ante el coraje guaraní y celebró un triunfo que ya quedó grabado en la memoria del fútbol sudamericano.


Paraguay volvió a escribir una página dorada en su historia futbolística. Ante la poderosa selección de Alemania, cuatro veces campeona del mundo y una de las grandes favoritas del torneo, la Albirroja resistió, luchó y terminó imponiéndose en una dramática definición por penales tras igualar 1-1 en los 90 minutos y el tiempo suplementario.

El triunfo tiene un valor que va mucho más allá del resultado deportivo. Porque no se trató solamente de una clasificación a los cuartos de final del Mundial. Fue una victoria de esas que emocionan a todo un continente, de las que recuerdan que en el fútbol la historia y el presupuesto no siempre alcanzan para derrotar a la pasión y al sacrificio.

Desde el pitazo final, las redes sociales se inundaron de mensajes de felicitación. En Argentina, Brasil, Uruguay, Chile, Perú y Colombia miles de hinchas celebraron la gesta paraguaya como propia. La imagen de los jugadores abrazados después del último penal recorrió el mundo y despertó una identificación inmediata con el espíritu sudamericano: el del equipo que pelea contra la adversidad y se niega a darse por vencido.

Paraguay es, además, una selección con una profunda tradición de lucha mundialista. Generaciones enteras recuerdan al equipo que alcanzó los cuartos de final en el Mundial de 2010 y que estuvo a minutos de eliminar a la poderosa España, que luego terminaría consagrándose campeona. Dieciséis años después, la Albirroja vuelve a ilusionar a su pueblo y a todo el continente.

El encuentro frente a Alemania tuvo todos los ingredientes de una noche épica. Hubo sufrimiento, momentos de dominio alemán, atajadas decisivas y una enorme muestra de carácter de los futbolistas paraguayos, que jamás dejaron de creer. En la tanda de penales apareció la sangre fría de un equipo convencido de que podía hacer historia.

Y quizá eso sea lo más emocionante de esta clasificación: la sensación de que Paraguay representa algo más grande que sí mismo. En un fútbol cada vez más dominado por las potencias y los gigantes europeos, la victoria guaraní recordó que todavía hay espacio para las hazañas inesperadas, para los equipos que juegan con el corazón y para los pueblos que se aferran a un sueño.

Por unas horas, las rivalidades quedaron de lado. Argentinos, brasileños, uruguayos y chilenos se encontraron alentando por los mismos colores: el rojo, blanco y azul de Paraguay.

Porque cuando un equipo sudamericano derriba a un gigante del fútbol mundial, la alegría deja de ser solamente de un país. Se convierte en un triunfo de toda una región.

Paraguay eliminó a Alemania. Pero, sobre todo, le regaló al continente una de esas noches que se recuerdan durante décadas: una noche de coraje, de orgullo y de fútbol en estado puro. Una noche en la que toda Sudamérica se puso de pie para aplaudir a la Albirroja.

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