Manuel Adorni renunció al Gobierno de Milei. Fin

El jefe de Gabinete, presionado internamente, anunció su salida; Milei lo había vuelto a sostener desde España el viernes; mañana confirmarían el reemplazo

Tras semanas de creciente presión política, cuestionamientos por su patrimonio y una investigación judicial por presunto enriquecimiento ilícito, Manuel Adorni presentó este sábado su renuncia a la Jefatura de Gabinete. La salida del funcionario, uno de los hombres más cercanos a Javier Milei, se produjo luego de una seguidilla de reuniones, fuertes tensiones internas y un escándalo que puso bajo la lupa el origen de parte de su fortuna y los gastos realizados junto a su esposa.


La renuncia de Manuel Adorni, anunciada mediante una carta publicada en sus redes sociales, puso fin a una de las crisis políticas más delicadas que enfrentó el gobierno de Javier Milei desde su llegada a la Casa Rosada. En el texto, el ahora exjefe de Gabinete aseguró que fue tratado como “delincuente y corrupto” sin que existiera, según él, una sola prueba de actos de corrupción en su contra y afirmó que demostrará su inocencia en la Justicia.

La salida del funcionario se terminó de definir en las últimas horas, luego de una semana marcada por reuniones reservadas y negociaciones políticas. Según trascendió, Adorni mantuvo encuentros tanto con la senadora Patricia Bullrich, como con la vicepresidenta Victoria Villarruel, en medio de un clima cada vez más adverso dentro del oficialismo. Incluso dirigentes aliados y referentes del PRO comenzaron a reclamar públicamente su alejamiento para evitar que el escándalo continuara erosionando al Gobierno.

Adorni había llegado a la Jefatura de Gabinete en noviembre de 2025, luego de desempeñarse durante casi dos años como vocero presidencial. Su desembarco en el cargo se produjo tras la salida de Guillermo Francos y fue interpretado como una muestra de la confianza absoluta que Javier Milei depositaba en uno de sus colaboradores más cercanos.

Sin embargo, esa confianza comenzó a resquebrajarse cuando se conocieron las inconsistencias en sus declaraciones patrimoniales y el crecimiento de su fortuna. La polémica escaló cuando el propio funcionario admitió haber mantenido ahorros no declarados y presentó declaraciones juradas rectificativas que elevaron significativamente el patrimonio informado ante la Oficina Anticorrupción.

La investigación judicial también se concentró en un viaje realizado a Nueva York junto a su esposa, Bettina Angeletti. La Justicia intentó determinar quién pagó el pasaje de regreso de la mujer del funcionario, cuyo costo superó los cinco mil dólares y cuya reserva, según la documentación analizada, presentaba características similares a las utilizadas para viajes oficiales.

A ello se sumó otro episodio que generó enorme controversia: la aparición de un supuesto préstamo por 100 mil dólares otorgado por dos integrantes de la Policía Federal, una comisaria retirada y su hija, actualmente en actividad. La explicación de que el dinero provenía de ahorros familiares y de préstamos de allegados, entre ellos policías retirados que aseguraron haber prestado dinero al funcionario, despertó fuertes cuestionamientos y derivó en nuevas líneas de investigación judicial.

Durante semanas, Adorni rechazó cualquier posibilidad de renuncia y sostuvo públicamente que permanecería en su cargo para demostrar que no había cometido ningún delito. Sin embargo, la presión política y el desgaste interno terminaron imponiéndose. En las últimas horas, incluso sectores del propio oficialismo comenzaron a reconocer que su permanencia se había vuelto insostenible y que el costo político de sostenerlo era cada vez mayor.

En su carta de despedida, agradeció a Javier Milei por haber aceptado su decisión y sostuvo que “el ensañamiento tiene un límite”. Con su salida, el Gobierno pierde a uno de sus funcionarios más emblemáticos y abre un nuevo capítulo de incertidumbre política en medio de una investigación que, lejos de cerrarse, recién comienza.

La salida de Manuel Adorni parece llegar demasiado tarde. El daño político ya está hecho: las sospechas de corrupción alrededor de uno de los hombres de mayor confianza del Presidente y la decisión de Javier Milei de sostenerlo hasta el final terminaron erosionando la imagen de un gobierno que había hecho de la lucha contra la “casta” y la corrupción una de sus principales banderas. La renuncia cierra una etapa, pero no las preguntas ni las consecuencias políticas de una crisis que ya dejó su marca en el oficialismo y que, según diversas encuestas, golpeó la credibilidad de la administración libertaria en uno de sus momentos más delicados.

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