Por Valerico Morisi
Publicado originalmente en https://buenosairesconnect.com/haikus-obra-teatro-cesar-aira/

Basada en un texto de César Aira, Haikus se presenta como un unipersonal. Todos los sábados a las 21 h en Espacio Parva, podés conseguir entradas acá, podés entrar en su perfil de instagram acá.
Haikus es una obra unipersonal que, lejos de la delicadeza que su título podría sugerir, se sostiene sobre una insistencia: “devolveme lo que me debés”, pero con el mismo sentido sucinto y minimalista que exige el género japonés al que alude el título.
Escrita en 1998 y publicada recién en 2020, la obra hoy resuena desde el barrio de Almagro con una incomodidad difícil de esquivar, como si en su núcleo ya late el clima de la crisis de 2001 y, más aún, ciertas persistencias del presente argentino, en ese ciclo de eterno retorno.
Con Haikus: una escena mínima, un mundo en tensión
La puesta, dirigida por Amalia Martini toma esa potencia y la traduce en una escena mínima pero cargada de sentido.
El personaje, interpretado por su hermana, Elena Martini, arranca ordenando pequeños objetos, souvenirs que evocan una clase media viajera, restos de un pasado que parece más estable.

Cada pieza guarda una historia, o al menos la ilusión de una. Sin embargo, en ese gesto obsesivo de ordenar, también emerge el reclamo: la deuda, difusa pero insistente, atraviesa todo.
Volver al texto hoy
“Hoy tomar estos textos significa mucho, explica Amalia, por la situación política y social argentina. Haikus representa un poco la Argentina del 2001, pero la Argentina actual tiene mucho de eso también”.
En esa línea, la decisión de recuperar la novela no es nostálgica sino crítica: “abre un montón de deudas sociales, sobre el Estado, sobre la humanidad… hay un montón de deudores y un montón de acreedores”.
Del texto al cuerpo
La adaptación implicó un desafío central: llevar una prosa extensa y profundamente interna al cuerpo de la actriz. “Pasar de la novela al teatro fue todo un desafío, sobre todo para aprenderse el texto y ponerle movimiento, cuerpo y presente”, señala la directora, en relación a la gran cantidad de texto, ya que Aira no lo gestó como una obra dramática, sino como una novela preparada para leerse.

En ese pasaje, la obra trabaja con una lógica casi contradictoria, continua Amalia: “hay mucho texto, pero a la vez una búsqueda más minimalista, como el haiku, trabajar en las acciones y en los elementos desde ese lugar”.
Haikus en Espacio Parva: una actuación en movimiento
Elena Martini construye un personaje dúctil, que atraviesa múltiples estados, de la comicidad a la tragedia, y que sostiene y soporta el dinamismo de una narración que no se detiene. “Ella logra los matices, lo dinámico, ese juego que va encontrando también con las funciones”, dice la directora. Y agrega: “hay algo cíclico en el personaje, en ese ir y venir, en pensarse también como espectadores de ese reclamo”.
La oscuridad y el afuera
Uno de los momentos más significativos de la puesta es la decisión de dejar al público a oscuras mientras el personaje habla hacia el exterior, por una ventana. “Es el momento donde el personaje habla del presente que está viendo hacia afuera, explica Amalia Martini. Nos interesaba que el protagonismo esté en esa mirada, en lo que ve, y no en la actriz ni en el público”. La escena desplaza el centro: “ni el público ni la actriz son el foco, es ese otro afuera, la imaginación, lo que se proyecta”.
Esa oscuridad, además, nunca es total. “Para que haya un adentro, tiene que haber un afuera”, dice Elena Martini. “Y esa oscuridad se ilumina con la luz del árbol, con lo que entra por la ventana”. La naturaleza, como en los haikus, se vuelve clave: “ese árbol permite ver el paso del tiempo, las estaciones, algo que siempre está presente”. Espacio Parva esta en una hermosa casona a la vuelta del Shopping Abasto y en frente a construcciones y vegetación de otras épocas.
En esa misma línea, la ventana funciona como un umbral. “Abrir la ventana es mostrar ese afuera que también existe, aunque el personaje no esté ahí”, agrega la actriz. Incluso el sonido de la calle forma parte de la escena, en una decisión deliberada de dejar entrar lo real.
La deuda como pregunta abierta
Finalmente, la pregunta por la deuda ¿quién debe, quién reclama? queda deliberadamente abierta. “Somos un poco todo a veces”, dice la directora. “El personaje hace una fusión, también es deudora. Nos interesa repensarnos desde ahí”. Para Elena Martini, el reclamo puede desplazarse: “puede ser hacia Dios, hacia el Estado, hacia el patriarcado, hacia el poder económico… o hacia uno mismo”.
Haikus no busca respuestas cerradas. Más bien, instala una incomodidad persistente, un eco que resuena más allá de la sala. Y en ese gesto, logra algo poco frecuente: que una historia aparentemente mínima se vuelva, otra vez, profundamente colectiva.
Continuar la experiencia en el barrio de Almagro después de ver la obra Haikus
Hay algunos lugares cerca con varias opciones de bebida y comida:
- El Imaginario: Eterno y nunca falla, patio para fumadores, birra de litro y económico.
- Le troquet de Henry: Para compartir unas birras si vas con amigos. Las empanadas son excelentes
- Guarda la vieja: Gran calidad precio si la opción es cena, pero también gran cantidad de cosas para picar.
