
El presidente quedó en una encerrona incomoda: o es un corrupto que decidió encubrir a uno de sus hombres de mayor confianza, o es un idiota al que le mintió en la cara su asesor y amigo más cercano. Y por estas horas la presión social y política parece finalmente haberse hecho escuchar. La continuidad de Manuel Adorni al frente de la Jefatura de Gabinete entró en su momento más crítico. Las versiones sobre una inminente salida se multiplicaron en las últimas horas, mientras la investigación judicial por presunto enriquecimiento ilícito avanza y dentro del propio Gobierno ya se habla abiertamente de un reemplazo. Después de meses de defensa cerrada y negación, la Casa Rosada parece enfrentarse al costo político de haber sostenido a uno de sus funcionarios más cuestionados.
La situación de Manuel Adorni cambió drásticamente en apenas unos días. Hasta hace poco, el Gobierno mantenía un discurso de respaldo absoluto al jefe de Gabinete, insistiendo en que las denuncias en su contra formaban parte de una operación política. Sin embargo, las señales que comenzaron a surgir desde el propio oficialismo muestran un escenario completamente diferente.
Fuentes de distintos sectores de La Libertad Avanza admitieron en las últimas horas que el funcionario se encuentra “muy debilitado” y que su permanencia en el cargo se convirtió en un problema político para la administración de Javier Milei. Incluso dirigentes cercanos a la Casa Rosada reconocen que el jefe de Gabinete “tiene los días contados” y que podría dejar el cargo en el corto plazo.
El giro más importante lo dio el propio Presidente. Desde España, Milei afirmó que cree en la honestidad de Adorni, pero dejó abierta la puerta a un desplazamiento al advertir que si la Justicia lo encuentra culpable lo echará “de una patada”. La frase fue interpretada dentro del Gobierno como un cambio de postura respecto de las defensas irrestrictas que había realizado durante los últimos meses.
El deterioro de Adorni tiene dos dimensiones. Por un lado, la judicial. El fiscal federal Gerardo Pollicita evalúa nuevas medidas de prueba en la causa por presunto enriquecimiento ilícito y analiza ampliar la investigación sobre el origen de parte de su patrimonio. También se encuentran bajo la lupa movimientos financieros, inversiones en criptomonedas y declaraciones juradas rectificadas presentadas recientemente.
Por otro lado, el desgaste político se volvió inocultable. Las revelaciones sobre compras de equipos electrónicos y aparatos para videojuegos por casi seis millones de pesos utilizando tarjetas de crédito pertenecientes a funcionarios de su área generaron un nuevo escándalo. La investigación judicial también analiza otras operaciones vinculadas con la adquisición y el equipamiento de una propiedad atribuida al funcionario.
El impacto político es tan profundo que, por primera vez, comenzaron a circular nombres de posibles sucesores. Entre los dirigentes mencionados aparecen el ministro del Interior, Diego Santilli; el canciller Pablo Quirno; la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, y el presidente de YPF, Horacio Marín.
Dentro del oficialismo reconocen que la decisión final depende exclusivamente de Javier Milei, aunque un eventual consenso entre Karina Milei y Santiago Caputo podría acelerar los tiempos.
El Presidente regresará este sábado de España y no se descarta una reunión decisiva en la Quinta de Olivos. Algunos dirigentes consideran que el fin de semana ofrece una oportunidad política para cerrar un capítulo que lleva meses desgastando al Gobierno. Otros creen que Milei evitará una decisión apresurada y que intentará manejar los tiempos a su manera.
Lo cierto es que, más allá de si la salida se concreta en las próximas horas o se posterga algunas semanas, la situación de Adorni parece haber ingresado en un punto de no retorno. El funcionario que alguna vez fue uno de los hombres de mayor confianza del Presidente hoy se transformó en una carga política para el oficialismo.
La eventual salida de Adorni tendría un valor simbólico devastador para el Gobierno. Sería la caída del funcionario que Milei decidió defender contra todo y contra todos, aun cuando las denuncias y el costo político crecían día tras día. Perder a su principal escudero en medio de acusaciones de corrupción equivaldría a admitir que la estrategia del encubrimiento, la negación y la resistencia terminó fracasando. Para un Presidente que hizo de la lealtad una bandera y de la lucha contra la “casta” su principal identidad política, la caída de Adorni podría convertirse en la primera gran derrota de autoridad y credibilidad de su gestión.
Si finalmente abandona la Jefatura de Gabinete, su caída dejará una pregunta inevitable: si el desenlace era previsible, ¿por qué el Gobierno eligió sostenerlo durante tanto tiempo? Para muchos dentro y fuera de la Casa Rosada, la respuesta combina tres elementos que marcaron toda la crisis: encubrimiento, negación y una evidente torpeza política.
