La Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) avanza con el escrutinio oficial de la segunda vuelta presidencial en Perú, mostrando un desenlace de infarto entre el izquierdista Roberto Sánchez y la derechista Keiko Fujimori. Tras los primeros reportes que favorecían a la candidata de Fuerza Popular gracias al voto urbano de Lima, el procesamiento de las actas rurales del interior del país generó un giro drástico en la tendencia, consolidando un empate técnico absoluto.

El panorama político peruano vuelve a contener la respiración ante un recuento que evoca las definiciones más ajustadas de su historia reciente. Al superar el 93% de las actas contabilizadas por la ONPE, el candidato de Juntos por el Perú, Roberto Sánchez, logró revertir la ventaja inicial que sostenía Keiko Fujimori y pasó al frente de manera milimétrica por una diferencia de apenas unos miles de sufragios. El cambio de tendencia responde al ingreso tardío de los votos procedentes de las regiones del sur y las zonas rurales, bastiones históricos del progresismo y el antifujimorismo.
Durante las primeras horas posteriores al cierre de las mesas de votación, los resultados a boca de urna de las principales encuestadoras, como Ipsos y Datum, otorgaban una ventaja preliminar a Fujimori, proyectando un 50.7% frente a un 49.3% de su rival. Sin embargo, la publicación de los conteos rápidos al 100% invirtió los números en la madrugada, posicionando a Sánchez con un 50.3% frente a un 49.7% de la lideresa del fujimorismo. Esta oscilación estadística se reflejó fielmente en el tablero oficial de la ONPE a medida que los camiones con material electoral y la transmisión digital de las actas rurales ganaban terreno sobre el voto capitalino.
El peso de las regiones frente al bastión limeño
La fractura geográfica de Perú volvió a manifestarse con nitidez en las urnas. Keiko Fujimori cimentó su caudal electoral en Lima Metropolitana y las principales ciudades de la costa norte, donde la narrativa orientada a la estabilidad económica y la seguridad captó la mayoría de los apoyos. Por su parte, Roberto Sánchez consolidó diferencias abrumadoras en departamentos del sur como Puno, Apurímac y Cusco, repitiendo el patrón de elecciones previas donde el voto rural funciona como un contrapeso determinante frente a las decisiones de la capital.
Ante la extrema paridad, el jefe de la ONPE, Piero Corvetto, exhortó a la ciudadanía y a los partidos políticos a esperar el cierre del 100% de las actas con calma y responsabilidad. La autoridad electoral enfatizó la transparencia del proceso y descartó cualquier tipo de irregularidad sistemática, aclarando que las escasas incidencias logísticas reportadas durante la jornada del domingo fueron corregidas de inmediato utilizando el material de reserva en las mesas de sufragio. El Jurado Nacional de Elecciones (JNE) respaldó este mensaje, recordando que los únicos resultados vinculantes son los emitidos por la vía oficial del conteo.
Una constante en la historia reciente
Mini historia: El escenario que vive Perú no es una anomalía, sino la continuación de una constante histórica que define su política contemporánea. Para Keiko Fujimori, esta representa su cuarta postulación consecutiva a la presidencia y, de manera asombrosa, su cuarta definición en balotaje bajo condiciones de extrema paridad. En 2011 frente a Ollanta Humala, en 2016 ante Pedro Pablo Kuczynski y en 2021 contra Pedro Castillo, el país andino resolvió su jefatura de Estado por márgenes inferiores al 1% de los votos válidos.
Esta secuencia de elecciones milimétricas refleja un arraigado fraccionamiento estructural. El electorado peruano se mueve entre un sólido núcleo fujimorista y un extendido sentimiento de rechazo que tiende a unificar a la izquierda y a los sectores rurales en la segunda vuelta. Roberto Sánchez, capitalizando ese descontento y manteniendo un llamado constante a la serenidad de sus personeros técnicos para la revisión de las actas impugnadas, busca consolidar la tendencia que las zonas andinas suelen otorgar en el tramo final del escrutinio, en un desenlace que mantendrá en vilo a la región hasta contabilizar el último voto.
