
La presidenta de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora falleció este domingo a los 95 años. Su vida quedó marcada por la desaparición de su hijo Alejandro en 1975, una tragedia que la transformó en una de las principales referentes de la lucha por la memoria, la verdad y la justicia en Argentina.
La histórica dirigente de derechos humanos Taty Almeida murió este domingo a los 95 años, dejando un profundo vacío en el movimiento de derechos humanos argentino. Presidenta de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora desde 2024, dedicó más de cinco décadas a reclamar justicia por la desaparición de su hijo Alejandro Almeida y por las miles de víctimas del terrorismo de Estado.
Nacida como Lydia Estela Mercedes Miy Uranga el 28 de junio de 1930, Taty provenía de una familia estrechamente vinculada a las Fuerzas Armadas. Su padre había sido teniente coronel del Ejército y varios integrantes de su entorno desarrollaron carreras militares. Durante gran parte de su juventud estuvo alejada de la militancia política y llegó a definirse a sí misma como una “gorila fatal”, expresión con la que describía sus antiguas posiciones antiperonistas.

Su vida cambió para siempre el 17 de junio de 1975. Ese día vio salir de su casa a su hijo Alejandro, estudiante de Medicina, trabajador de la agencia estatal Télam y militante del Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP). Fue la última vez que lo vio. Desde entonces inició una búsqueda incansable que se prolongó durante más de medio siglo.
Durante los primeros años recurrió a contactos familiares y golpeó las puertas de altos mandos militares en busca de respuestas. Sin embargo, nunca obtuvo información sobre el destino de su hijo. Con el tiempo se acercó a las Madres de Plaza de Mayo y encontró allí un espacio de contención y lucha colectiva. Aquella experiencia transformó definitivamente su visión del país y de la política.
En septiembre de 1979 denunció la desaparición de Alejandro ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos durante su histórica visita a Argentina. Más tarde también declaró ante la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), convencida de que cualquier instancia podía contribuir a conocer la verdad sobre lo ocurrido.
A lo largo de las décadas se convirtió en una de las voces más reconocidas de la defensa de los derechos humanos. Participó de marchas, actos, conferencias y actividades educativas, manteniendo siempre una presencia activa en la vida pública. Su frase “no nos han vencido” sintetizaba una actitud que la acompañó durante toda su trayectoria.

«Llegará algún momento que no habrá ningún pañuelo blanco, pero esa lucha se recoge, se trasmite. Entonces, no nos van a vencer»
Desde la presidencia de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora impulsó distintas iniciativas vinculadas a la memoria histórica y fue una de las principales referentes de la multitudinaria movilización del 24 de marzo de este año, cuando se cumplieron 50 años del golpe de Estado de 1976.
En abril recibió el título de doctora honoris causa de la Universidad de Buenos Aires, uno de los reconocimientos más importantes de su trayectoria. Rodeada de familiares y compañeros de militancia, destacó entonces la necesidad de sostener la resistencia y mantener viva la lucha por la memoria, la verdad y la justicia.

Taty Almeida había expresado en varias oportunidades cómo deseaba ser recordada: con su carácter fuerte, sus discusiones y, sobre todo, con su alegría de vivir. También había dejado establecido que quería ser despedida en la sede de la Federación de Obreros y Empleados Telefónicos de la República Argentina, lugar donde celebró numerosos cumpleaños y encuentros con compañeros de militancia.
Su fallecimiento marca la despedida de una de las figuras más emblemáticas de la historia reciente argentina. Durante más de 50 años convirtió el dolor por la desaparición de su hijo en una lucha colectiva que trascendió generaciones y se transformó en un símbolo permanente de la defensa de los derechos humanos. Su voz seguirá asociada a una de las consignas más representativas de la democracia argentina: memoria, verdad y justicia.

Querida Taty Almeyda! Que tristeza que te hayas ido sin que pudieras conocer cómo sucedió lo de tu hijo ni encontrar sus restos! Sin embargo nos legaste una posición ética inamovible, una gran entereza y una apuesta a seguir viviendo y luchando por su y nuestra causa de Derechos Humanos!!! Admirable! Cómo le dijiste al Indio hace poquito, después de su partida: No te fuiste! Estás presente en todas y todos que apostamos a la misma causa. PRESENTE! HLVS!!!!
Querida Taty como vos nos enseñaste…”la única lucha que se pierde es la que se abandona”…y acá quedamos para seguir luchando, buscando y sembrando MEMORIA, VERDAD Y JUSTICIA”