Por Fernando Chinellato

La política argentina parece haberse convertido en una ficción televisiva donde las explicaciones más inverosímiles encuentran aceptación pública y los grandes escándalos se narran con códigos tomados de series y películas. Entre operaciones mediáticas, causas judiciales, relatos prefabricados y una ciudadanía agotada por la supervivencia cotidiana, surge una pregunta incómoda: cómo se construyen las historias que terminan moldeando la percepción de la realidad y por qué, tantas veces, terminamos aceptándolas.
Nos toman por boludos. Esa es la única forma de verlo. Eso es lo que vivimos los argentinos cuando nos roban en la cara y se justifican de la manera más ridícula. Y cuando queremos preguntar o que nos muestren las pruebas de lo que afirman, nos insultan, nos tratan con desprecio, soberbia y hasta se burlan de nosotros. Lisa y llanamente nos toman por idiotas y actúan con la tranquilidad de quien sabe que difícilmente tendrá que rendir cuentas.
Ahora, las preguntas son dos:
La primera sobre ellos: ¿Desde cuándo los ladrones están tan seguros de sí mismos que ni se esfuerzan en mentir cuando todas las pruebas los incriminan? Eso solo sucede desde la seguridad de saberse protegidos por jueces corruptos, un sistema hecho a su medida. El único esfuerzo que hacen, que quizá es más una habilidad, es la cara de piedra de estas personas. “Vos negá todo Benjamín”, decía una película argentina. No importa si te encuentran con el arma en la mano, aun tirando humo, o con el cuchillo en las manos lleno de sangre. Perdieron hasta el miedo de ser atrapados, porque si los atrapan saben que el sistema es más corrupto que ellos y por lo tanto son cómplices.
La otra pregunta, sobre nosotros: ¿Por qué nos dejamos mentir tan descaradamente? Ese adormecimiento en el que estamos parece de un cuento de los hermanos Grimm. Una persona a la que le roban en la cara se enoja, pero mira que el que tiene al lado que agacha la mirada y él hace lo mismo. ¿Qué va a hacer? ¿Rebelarse?
Cuando a la noche llegamos agotados nos angustiamos al escuchar periodistas que solo hacen su propio juego, y nos llenan la cabeza de mierda. Ahora que Milei los insulta y los trata de en sobrados nos dicen que el gobierno está loco, nos muestran su indignación con gritos, pausas dramáticas, o mirando a la cámara con ojos enojados. Son los mismos que después en la radio, insultan y maltratan a pibes que luchan por sus derechos y los de sus docentes. O aparecen muy serios y enojados señalando lo mal que está cortarles la calle a los verdaderos ciudadanos de primera categoría que sí trabajan.
La gran mayoría, periodistas payasos que venden su indignación, su acting o su silencio al mejor postor.
La utilización de las series como modelo. House of Cards: La genialidad del mal
Los seres humanos interpretamos la realidad a través de historias. Cuando una serie se convierte en un fenómeno cultural, sus personajes y símbolos pasan a formar parte del lenguaje común. Por eso un relato político no necesita ser verdadero; necesita parecerse a una historia que el público ya conoce.
Durante el gobierno de Cristina Fernández, Una de las imágenes más utilizadas por los medios fue la que daba de la política House of Cards, serie que instaló la imagen del político maquiavélico, calculador, que camina por pasillos oscuros y asesina o destruye vidas con un chasquido de dedos. Se llenaban los programas políticos con imágenes de Cristina usando esa misma estética visual, copiando la paleta de colores fríos, la música, los tonos lúgubres y los planos de cámara para presentar la política nacional como si fuera un thriller perverso.
¿De quién es la culpa? ¿De los politicos ladrones? ¿De la prensa que miente? ¿De un pueblo que no pregunta, piensa ni cuestiona? ¿De una realidad que nos supera?
Pensemos, ¿De dónde vienen las historias generalmente inverosímiles? A lo largo de varios años, los periodistas, jueces y políticos vienen construyendo un relato en base a las series. Para que algo así funcione masivamente necesita apoyarse en imágenes que ya estén frescas en la memoria colectiva. No hace falta inventar una historia nueva cuando millones de personas ya vieron una parecida en una serie exitosa. La ficción instala símbolos y escenas que luego pueden reutilizarse en el debate del día a día, porque el público las reconoce de inmediato. Por eso no alcanza con que una serie haya existido: tiene que ser un fenómeno del momento para que esas imágenes sigan vivas en la cabeza de la gente.
Breaking Bad y pesar los billetes[1]
Cuando Fariña dijo en el programa de Lanata que al dinero lo pesaban, nadie se puso a pensar que un billete de 5 dólares pesa lo mismo que uno de 100, que una hebilla de un bolso pesaba lo que varios billetes. Que un billete muy usado pesa menos. ¿Acaso nadie pensó que para una idea como esta había que utilizar balanzas de laboratorio? ¿No hubiese sido mejor usar un contador de billetes como los grandes bancos? No importaba si la idea era estúpida, importaba que estaba dando vueltas, y lo peor tenían razón, la gente lo repetía.
Escobar: El patrón del mal[2]
Las montañas de dinero que se mostraban en la serie fue utilizado por el relato periodístico y político. De repente todos hablaban de las bóvedas, containers o mausoleos donde se guardaban los billetes robados. Ríos de tinta, periodistas hablando durante miles de horas ciertamente generan la post verdad. Como resultado, la gente avaló el circo para imbéciles, y nadie le pareció raro que fueran al sur con excavadoras.
Breaking Bad y la idea de enterrar dinero[3]
En una de las escenas más famosas de una de las series más vistas estaba Walter White enterrando dinero. Obvio que esa imagen iba a ser usada. Nadie pensó en lo que significaban los famosos dos PBI en dinero físico. Allí fue el circo 24/7 de máquinas excavadoras y perros. El asunto era tan serio como alguien diciendo: “acá parece que se ha removido el terreno” y empezaban la excavación, como si fuera un sketch de los tres chiflados. Uno se pregunta, ¿porque no usaban una máquina como la que usan para buscar petróleo? Los camiones vibroseis, que hacen vibrar el suelo (llamados seismic vibrator truck). Si hubieran querido buscar cosas enterradas, haciendo vibrar el suelo hubieran descubierto lugares donde había distintas densidades. Pero necesitaban show. Uno se pregunta ¿Porque no ir a buscar en paraísos fiscales? Fueron, pero se llamaron a silencio cuando aparecieron los Panamá Papers y en ellos los Macri, los Caputo, Magneto, Coto, etc.
Shooter y el caso Nisman[4]
Cuando el fiscal que malversaba fondos estatales se suicida, días después apareció Bullrich en la televisión asociando una escena de una serie de Netflix. En una escena, la mafia hace “suicidar” a una persona y que podría guardar un parecido con la muerte del fiscal. Nunca dijo nada de que ella y Alonso habían instigado con cientos de llamadas esa semana, y docenas el día antes del suicidio. ¿Qué buscaban Laura Alonso y Patricia Bullrich? Que Nisman no se bajara de dar la declaración contra Cristina, como él pretendía hacerlo ante la falta de pruebas.
Breaking Bad y el mito de “La Morsa”
En agosto de 2015, en plena campaña electoral para la gobernación de Buenos Aires, el periodismo local detrás de Lilita Carrió tiraron una bomba. Como ya dijimos Breaking Bad ya era un fenómeno cultural sin precedentes en Netflix. Todos aquellos que la veíamos, éramos expertos en el negocio de las drogas de diseño, la necesidad de conseguir precursores químicos de contrabando y, fundamentalmente, la existencia de un cerebro oculto: ese villano intocable metido en las altas esferas del poder.
El guion local calcó la fórmula. Para cerrar el relato del triple crimen de General Rodríguez y el tráfico de efedrina. De nuevo denuncias y show televisivo y un villano cinematográfico: “La Morsa”. La acusación mediática contra Aníbal Fernández funcionó de inmediato, el público ya tenía el molde mental de Gus Fring o Heisenberg fresco en la retina.
Años después, los propios protagonistas de la denuncia como Pérez Corradi[5] y José Luis Salerno[6] (que declaró en el programa de Lanata) terminaron admitiendo ante la Justicia que “La Morsa” era un invento que les habían sugerido decir.
Succession y los vuelos canillita
A mediados de 2018 llegaba a HBO una de las mejores series de los últimos tiempos: Succession. La ficción instaló con un éxito masivo la estética de la “aristocracia corporativa” impune, esa clase hipermillonaria que se mueve exclusivamente en helicópteros y jets privados para resolver caprichos mundanos o disputas domésticas.
Unos meses después, y en pleno auge de la serie, apareció una denuncia rápidamente atendida por el juez Claudio Bonadio, quien dictó el procesamiento formal en una causa derivada de los cuadernos. El ecosistema mediático la bautizó de inmediato como “los vuelos canillita”, acusando al poder político de fletar aviones presidenciales con el único fin de trasladar los diarios del fin de semana a Santa Cruz. Obviamente, tiempo después la causa terminó siendo anulada por la Justicia debido a la evidente falta de pruebas y las irregularidades del proceso; pero es que estas causas no se arman para los tribunales, se arman para los estudios de televisión.
Esta construcción solo sirvió para alimentar el odio y el resentimiento de la sociedad. Si hoy una porción enorme de la población está profundamente dividida, es por el resultado de los juegos personales e inescrupulosos de gran parte de la prensa; y si hoy la Justicia es percibida mayoritariamente como un circo de corruptos, es en buena medida por el legado de jueces como Bonadio.
Adorni y The Big Bang Theory[7]
Hoy pasa algo similar con Manuel Adorni y su explicación sobre los dólares no declarados. Después de meses de silencio, su declaración jurada terminó ofreciendo una justificación que para muchos especialistas resulta difícil de creer.
En la serie The Big Bang Theory, los protagonistas pierden un dispositivo que contiene bitcoins. La trama gira en torno a la imposibilidad de encontrar esos fondos digitales. La similitud con la explicación presentada por Adorni resulta llamativa. Lo peor es que ni siquiera parecen preocuparse por construir una historia diferente, porque saben que estamos demasiado adormecidos o demasiado ocupados intentando sobrevivir para prestar atención. Además, con un timing pensado al detalle, la explicación esperó para que el Mundial empezara y se conveirta en el centro de la agenda pública. Los mundiales suelen funcionar como gigantes capaces de fagocitar problemas políticos y sociales, y esta vez podría no ser la excepción.
Las críticas no provinieron únicamente de dirigentes opositores. El emprendedor y referente argentino del ecosistema blockchain, Santi Siri, cuestionó públicamente la versión presentada por Adorni y la calificó como una “tomada de pelo”. Según explicó, el relato presenta inconsistencias técnicas, contradicciones con declaraciones anteriores y carece de elementos verificables que permitan reconstruir la operación. Para Siri, la explicación abre interrogantes sobre el origen de los fondos y sobre los mecanismos de control que deberían aplicarse en estos casos.
Cuando aparecen los ladrones en listas de paraísos fiscales, cuando aparece el CEO de Cambridge Analytica diciendo que fue contratado para hacer una campaña anti-Kirchner, cuando la justicia de EE. UU. condena a alguien, cuando aparece las pruebas de $LIBRA, todos diciendo que le daban el 3% a Karina… periodistas y políticos hacen oídos sordos. No nos mueve la obviedad del robo, sino un relato que suene increíble y bonito.
¿Por qué nos pasa esto? ¿Somos una manga de idiotas? La respuesta es no. El pueblo desde hace años está enojado, cansado, arremetido. Y ante la nada, o la miseria, elegimos aferrarnos a relatos. Como cuando llegamos cansados y vemos algo roto y detrás excusas, acusaciones y gritos. ¿Querríamos solucionarlo? Sí, pero salimos a las 6 de la mañana a trabajar y volvemos de noche. Queremos silencio, entrar al baño y scrollear un poco de videos de Instagram.
Los políticos se aprovechan de esto, por eso sus robos cada vez se vuelven mas descarados y sus robos son menos sofisticados; total, saben que el pueblo está ocupado sobreviviendo al día a día. Pero ojo, que el pueblo se despierta y aunque después parezca adormecese rápido; cada tanto hay un instante en donde volvemos a recordar que somos personas. Y debemos ser tratados con dignidad. Y con un pueblo que sabe lo que vale no se jode.
[1] Breaking Bad, Temporada 5, Episodio 8, “Gliding Over All”, emitido el 2 de septiembre de 2012. En ese episodio Skyler White explica que intentó calcular la fortuna acumulada pesando los billetes. Leonardo Fariña habló sobre pesar dinero en Periodismo Para Todos en abril de 2013.
[2] Serie estrenada el 28 de mayo de 2012. Durante ese año fue uno de los mayores éxitos televisivos de América Latina. A lo largo de la serie aparecen repetidamente depósitos, hangares y habitaciones repletas de dinero en efectivo.
[3] Breaking Bad, Temporada 5, Episodios 10 y 11, “Buried” y “Confessions”, emitidos el 18 y 25 de agosto de 2013. Walter White aparece ocultando y enterrando millones de dólares en barriles en el desierto con música de Larralde de fondo.
[4] Patricia Bullrich hizo referencia pública a una escena de la serie Shooter durante una entrevista realizada en diciembre del 2016. En la escena mencionada se muestra un mecanismo utilizado para simular un suicidio.
[5] Ibar Pérez Corradi, señalado durante años como el ideólogo del Triple Crimen y el eslabón clave que supuestamente “delataría” al jefe político, fue capturado en la Triple Frontera en 2016. Cuando declaró formalmente en la causa de la efedrina, fulminó el mito: aseguró ante la Justicia que Aníbal Fernández no era “La Morsa”. De hecho, las líneas de investigación judicial apuntaron a que ese alias correspondía en realidad a Julio César Pose, un ex-agente de la SIDE y confidente de la DEA que operaba en el submundo del narcotráfico y el espionaje en los tempranos 2000.
[6] Por otro lado, el farmacéutico José Luis Salerno (quien había aparecido en el programa de Lanata acusando a Aníbal) fue a declarar ante la jueza María Servini de Cubría a los pocos días de la emisión del programa. Frente a la Justicia, se desdijo por completo: admitió que no le constaba que Aníbal Fernández fuera “La Morsa” y que sus dichos en la televisión habían sido tergiversados o presionados.
[7] The Big Bang Theory, Temporada 11, Episodio 9, “The Bitcoin Entanglement”, emitido el 30 de noviembre de 2017. El episodio gira alrededor de bitcoins olvidados y de un dispositivo de almacenamiento que los protagonistas no pueden encontrar.
