
Tras ocho años de un proceso judicial que atravesó fronteras, la justicia de Brasil rechazó los últimos recursos presentados por la defensa de Juan Darthés, dejando firme su condena a seis años de prisión por el abuso sexual contra Thelma Fardin. Este fallo histórico pone fin a una estrategia de dilación sistemática y marca un precedente regional en la lucha contra la impunidad en delitos de violencia sexual, reivindicando la palabra de la víctima frente al poder.
La justicia de Brasil ha dictado la palabra final en uno de los casos más emblemáticos de la última década para el feminismo latinoamericano. El Tribunal Superior de ese país desestimó las apelaciones de Juan Rafael Pacífico Dabul —conocido popularmente como Juan Darthés—, ratificando la sentencia de seis años de prisión impuesta por el delito de “estupro”, equivalente al abuso sexual con acceso carnal en la legislación argentina. Con esta resolución, el actor deberá cumplir su pena bajo un régimen semiabierto, una modalidad que le permite trabajar durante el día pero lo obliga a pernoctar en una unidad penitenciaria.
La noticia llega en un momento de máxima tensión social y política, donde las garantías para las víctimas de violencia de género se encuentran bajo debate permanente. La decisión judicial no solo confirma la materialidad del hecho ocurrido en 2009 en Nicaragua, sino que también valida el testimonio de Thelma Fardin, quien durante años debió sostener su acusación en tres jurisdicciones distintas: Nicaragua, Argentina y finalmente Brasil, país donde el actor se refugió aprovechando su doble nacionalidad para evitar la extradición.
Un camino de resistencia contra la impunidad

La historia de este proceso comenzó públicamente en diciembre de 2018, cuando Fardin, respaldada por el colectivo de Actrices Argentinas, denunció que Darthés la había violado en una habitación de hotel durante una gira del programa juvenil “Patito Feo”. En aquel entonces, ella tenía 16 años y él 45. Lo que siguió fue una odisea jurídica que incluyó una alerta roja de Interpol y un juicio en Brasil que pareció estancarse en múltiples ocasiones debido a planteos de incompetencia territorial y recursos dilatorios que buscaban la prescripción de la causa.
En mayo de 2023, un fallo de primera instancia había absuelto al actor por “beneficio de la duda”, generando una ola de indignación. Sin embargo, la persistencia de la querella y el acompañamiento de organismos internacionales como Amnistía Internacional permitieron que en junio de 2024 la Cámara de Apelaciones revirtiera esa decisión, encontrando pruebas suficientes para la condena. Los jueces brasileños destacaron que el relato de la víctima fue coherente y se vio respaldado por pericias psicológicas y testimonios que daban cuenta del trauma persistente.
El asedio de la machosfera y la cultura del odio
Más allá de los tribunales, Thelma Fardin debió enfrentar una batalla paralela y feroz en el terreno digital. Desde el primer día de su denuncia, la actriz fue blanco de una campaña de hostigamiento orquestada por sectores que hoy se identifican con la denominada “machosfera”. Este ecosistema de redes sociales, alimentado por foros de incels (célibes involuntarios) y militantes del odio de género, se dedicó a diseccionar cada aspecto de su vida personal para deslegitimarla.
El asedio no fue azaroso. Se utilizaron tácticas de “gaslighting” masivo, cuestionando por qué no había hablado antes, cómo estaba vestida o incluso si su carrera profesional se beneficiaba con la denuncia. Para los sectores más radicalizados de la cultura de la violación, Fardin se convirtió en el “enemigo público” a destruir, representando todo aquello que el patriarcado busca silenciar: una mujer joven con voz política y capacidad de organización colectiva.
Este hostigamiento digital, que incluyó amenazas de muerte y la difusión de información falsa, buscaba no solo quebrar a Thelma, sino enviar un mensaje disciplinador a todas las mujeres: si denuncias a un hombre poderoso, tu vida será un infierno. La condena firme de Darthés es, por lo tanto, una derrota para esos discursos que pretendían reinstalar la impunidad biológica del varón.
Hoy, con la sentencia firme, el caso Fardin deja de ser solo una crónica policial para transformarse en un hito de reparación. A pesar del desgaste físico, emocional y económico, la actriz ha logrado que la justicia brasileña, históricamente conservadora en estos casos, reconozca la verdad. “Darthés a la cárcel” deja de ser una consigna de las marchas para convertirse en una realidad jurídica que garantiza que el poder y la fama ya no son escudos suficientes frente a la violencia.
