La última misa ricotera: un pueblo canta mientras despide al Indio

Miles de personas llegaron este domingo a Villa Domínico para darle el último adiós a Carlos “Indio” Solari. La convocatoria desbordó todas las previsiones y transformó el velatorio en una nueva misa ricotera: una despedida atravesada por canciones, banderas, lágrimas y la certeza compartida de estar participando de un momento histórico para la cultura popular argentina.


Desde mucho antes de que se abrieran las puertas del Polideportivo José María Gatica, en Villa Domínico, cientos de personas ya aguardaban en los alrededores. Algunos habían llegado durante la madrugada. Otros pasaron la noche entera en una vigilia espontánea que, como tantas veces ocurrió alrededor de la obra del Indio, terminó convirtiéndose en una celebración colectiva más que en una ceremonia formal. Cuando comenzó el ingreso al predio, la fila ya se extendía por varias cuadras y continuó creciendo durante toda la jornada.

No hubo silencio. Tampoco solemnidad tradicional. Hubo canciones. Hubo abrazos entre desconocidos. Hubo familias enteras compartiendo mates mientras avanzaban lentamente hacia el salón donde descansan los restos del músico. Como ocurrió durante décadas en cada recital, el verdadero protagonista volvió a ser ese universo humano que el cantante logró construir alrededor de sus canciones.

La escena recuerda inevitablemente a las históricas misas ricoteras. Las banderas volvieron a flamear sobre las cabezas de miles de personas. Los bombos marcaron el ritmo de la espera. Fragmentos de canciones aparecían una y otra vez entre la multitud. Muchos fanáticos llegaron desde provincias lejanas para estar presentes. Otros llevaron a sus hijos para compartir una despedida que consideran parte de su propia historia familiar.

La dimensión de la convocatoria volvió a confirmar algo que la muerte del músico dejó en evidencia durante las últimas horas: el fenómeno ricotero trasciende ampliamente el ámbito musical. Desde que se conoció la noticia de su fallecimiento, plazas, parques y centros urbanos de distintas ciudades del país fueron escenario de encuentros espontáneos donde miles de personas se reunieron para cantar sus canciones y recordar momentos de sus vidas asociados a ellas.

No resulta extraño. Durante más de cuatro décadas, el Indio se convirtió en una figura única dentro de la cultura argentina. Primero como líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota y luego al frente de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, construyó una obra que desbordó los límites del rock para convertirse en un fenómeno social. Sus recitales movilizaron multitudes inéditas, generaron rituales propios y consolidaron una identidad colectiva reconocible en cualquier rincón del país.

Paradójicamente, quien generó semejante devoción siempre eligió mantenerse lejos de la exposición permanente. Cultivó el misterio, evitó la sobreexposición mediática y dejó que fueran las canciones las que hablaran por él. Tal vez por eso la respuesta popular ante su muerte adquirió una intensidad tan singular. La sensación compartida entre quienes hacen fila en Villa Domínico es la de despedir no solamente a un músico, sino a una parte importante de sus propias vidas.

Mientras cae la tarde, la fila continúa avanzando lentamente. Siguen llegando personas desde distintos puntos del país. Nadie parece tener demasiada prisa. Después de todo, durante años aprendieron que las misas ricoteras eran también una experiencia de espera, de encuentro y de pertenencia.

Ya poco importa dónde termina la fila o cuánto tiempo demora el ingreso. Lo que ocurre este domingo en Villa Domínico confirma algo que parecía evidente desde hace mucho tiempo: el Indio dejó de pertenecer exclusivamente al rock para convertirse en una de las expresiones más profundas de la memoria popular argentina. Y esa memoria, como demuestran miles de voces cantando al unísono frente a un féretro, difícilmente conozca el olvido.

Ayelén Ferreyra
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Ayelén Ferreyra es estudiante avanzada de la Licenciatura en Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Ha escrito trabajos sobre bioética y derechos humanos.

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