
La construcción de un parque acuático en la Rambla Catalunya de Rosario abrió una fuerte discusión política, ambiental y social. Mientras el municipio y la provincia sostienen que la obra potenciará el turismo y recuperará la costa norte, vecinos, ambientalistas, deportistas y comunidades indígenas denuncian una posible privatización del río Paraná y cuestionan que se priorice el negocio turístico por encima de las necesidades sociales y ambientales de la ciudad.
La ciudad de Rosario atraviesa por estos días una intensa polémica luego del anuncio oficial de un parque acuático de 10.000 metros cuadrados que se instalaría en la zona de la Rambla Catalunya y La Florida, uno de los sectores más tradicionales y concurridos de la costa rosarina. El proyecto, impulsado por la Municipalidad y financiado por el gobierno provincial, busca convertir el área en un nuevo polo turístico con piletas, toboganes y espacios recreativos, pero rápidamente despertó una ola de críticas y protestas.
La discusión creció durante las últimas semanas con asambleas de vecinos, reuniones en el Concejo Municipal y movilizaciones de organizaciones ambientales y sociales que rechazan el emprendimiento. El reclamo central apunta a que el desarrollo turístico no debería realizarse a costa del acceso público al río Paraná ni del deterioro del paisaje natural y social de la ribera rosarina. (Redacción Rosario)

Uno de los cuestionamientos más repetidos sostiene que Rosario ya viene atravesando un proceso de transformación de espacios públicos en áreas cada vez más comercializadas y cementadas. Para muchos vecinos de la zona norte, el proyecto representa otro avance de “lo productivo y turístico por sobre lo socioambiental”. Además, remarcan que la rambla y las playas de La Florida funcionan actualmente como uno de los pocos accesos gratuitos al río que todavía quedan en la ciudad. (Cadena 3 Argentina)
En ese contexto también aparecieron voces vinculadas a comunidades indígenas y organizaciones que defienden el ecosistema del Paraná. Desde esos sectores plantean que el río no puede ser visto solamente como un recurso económico o turístico, sino como un territorio cultural, ambiental y comunitario. Varias agrupaciones incluso relacionaron el conflicto con otras discusiones recientes sobre el uso de las islas y humedales frente a Rosario, históricamente afectados por incendios, urbanización y proyectos inmobiliarios. (Redacción Rosario)
El debate llegó además al plano político. Algunos sectores apuntaron contra dirigentes y concejales rosarinos, reclamando que se dejen de lado las disputas partidarias para priorizar las necesidades sociales de la ciudad. Entre las críticas más duras aparece la idea de que Rosario atraviesa problemas mucho más urgentes que la construcción de un parque acuático.
Uno de los ejemplos más mencionados es la situación del acceso al agua potable en distintos barrios populares, especialmente en el Barrio Toba de Rouillon. Vecinos de la comunidad denuncian desde hace años la falta de presión y la escasez de agua, un problema que todavía no encuentra solución definitiva. Según explicaron referentes barriales, la única respuesta estructural sería la reactivación del Acueducto Gran Rosario, una obra actualmente frenada tras la decisión del gobierno nacional de cortar inversiones públicas.
“Ellos dicen que hay pérdidas porque hay conexiones clandestinas y que eso hace que se pierda la presión del agua, pero el barrio hace treinta años que se encuentra en esta situación y no tiene solución”, señalaron desde la comunidad durante los últimos reclamos. Mientras esperan respuestas concretas, las familias continúan dependiendo de paliativos como cubas de agua y entrega de bidones.
Para los sectores que rechazan el parque acuático, la contradicción es evidente: mientras barrios enteros sufren problemas básicos de acceso al agua, el Estado destina miles de millones de pesos a un complejo recreativo pensado para potenciar el turismo. El lema que comenzó a repetirse en distintas movilizaciones resume esa mirada crítica: “El futuro no tiene parques acuáticos, el grifo está seco”.
Desde el municipio, sin embargo, defienden la iniciativa y aseguran que la obra no implica una privatización de la costa ni un daño ambiental irreversible. El intendente Pablo Javkin sostuvo que el proyecto forma parte de una renovación integral de la costanera norte y que incluirá mejoras urbanas, nuevos accesos y recuperación de espacios degradados. Funcionarios provinciales también remarcaron que el objetivo es fortalecer el perfil turístico de Rosario y generar movimiento económico para la ciudad. (ON24)
Aun así, la resistencia social continúa creciendo y el conflicto ya se instaló como uno de los principales debates públicos en Rosario. Lo que comenzó como un anuncio de infraestructura turística terminó convirtiéndose en una discusión más profunda sobre qué ciudad quieren construir los rosarinos y cuál debe ser la relación entre el desarrollo económico, el ambiente y los derechos colectivos sobre el río Paraná.
