Alarma industrial: la crisis textil ya se mide en fábricas cerradas y miles de empleos perdidos

La industria textil argentina atraviesa uno de sus peores momentos en décadas: según El Economista, cierran tres fábricas por día, la producción se desplomó casi 30% y ya se perdieron más de 20.000 puestos de trabajo, en un escenario donde la caída del consumo, la apertura de importaciones y la pérdida de competitividad golpean de lleno al corazón del entramado productivo nacional.


La postal es brutal: persianas bajas, máquinas apagadas y trabajadores expulsados del sistema. De acuerdo con datos recientes del sector, ya cerraron cerca de 750 establecimientos textiles en todo el país, en medio de una caída de la producción del 29,4%, lo que configura un escenario de crisis estructural y no meramente coyuntural.

El derrumbe no es aislado ni reciente. Informes de la industria señalan que la actividad textil viene en caída sostenida desde 2023, acumulando una pérdida de más de 20.000 empleos formales en toda la cadena (indumentaria, calzado y cuero), con un deterioro constante del nivel de actividad. En paralelo, la utilización de la capacidad instalada se desplomó a niveles críticos: apenas ronda el 24%, lo que implica que tres de cada cuatro máquinas están paradas.

La situación es todavía más grave si se observa la dinámica productiva. Según datos oficiales, la producción textil llegó a caer más del 30% interanual en algunos segmentos, mientras que rubros clave como los tejidos registraron desplomes cercanos al 50%. Esto no solo impacta en el presente, sino que compromete la supervivencia futura de empresas que ya operan al límite.

Detrás de este colapso aparece una combinación de factores que distintos actores del sector describen como “letal”. Por un lado, la caída del consumo interno, producto de la pérdida del poder adquisitivo, reduce drásticamente la demanda. Por otro, la apertura de importaciones introduce productos a precios imposibles de competir, incluso por debajo de los costos de producción local.

A esto se suma un problema estructural: el tipo de cambio y los costos internos. Empresarios y entidades sectoriales advierten que producir en Argentina se volvió cada vez más caro en relación con los precios internacionales, lo que deja a la industria en una situación de extrema vulnerabilidad frente a competidores externos.

El fenómeno no se limita a números fríos. En términos concretos, significa cierres diarios de fábricas, suspensiones, despidos y un deterioro acelerado del tejido productivo, especialmente en pymes y economías regionales. Informes sectoriales ya hablaban en 2025 de cientos de empresas cerradas y miles de despidos, anticipando una crisis que hoy se profundiza.

Incluso a nivel internacional, el diagnóstico es contundente: el sector textil argentino atraviesa lo que muchos empresarios consideran la peor crisis de su historia, con fábricas operando a menos del 30% de su capacidad y una pérdida sostenida de mercado frente a las importaciones.

En ese contexto, el cierre de tres fábricas por día deja de ser un dato impactante para convertirse en un síntoma de un proceso más profundo: la desarticulación progresiva de una de las industrias más intensivas en empleo del país. Y con cada persiana que baja, no solo se pierde producción, sino también saber hacer, entramado social y futuro industrial.

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