Venezuela, una mas de las “liberaciones” de los norteamericanos

Estados Unidos volvió a hacerlo. Esta vez en Venezuela. Con el argumento de “restaurar la democracia”, la administración de Donald Trump avanzó en una operación destinada a desplazar a Nicolás Maduro del poder. Y como siempre, el relato oficial habla de libertad, derechos humanos y lucha contra el narcotráfico.

La preocupación ante la invasión de EEUU a Venezuela generó repudio en varios líderes del mundo quienes rechazaron o cuestionaron la intervención de Trump en Venezuela: Gustavo Petro (Colombia), Cancillería Argentina (Argentina), Claudia Sheinbaum (México), Luiz Inácio Lula da Silva (Brasil), Gabriel Boric (Chile), Miguel Díaz-Canel (Cuba), Luis Arce (Bolivia), Gobierno de China, Vladimir Putin (Rusia), Gobierno de España, Gobierno de Francia, Gobierno de Alemania, Gobierno de Noruega
Unión Europea (llamado a solución diplomática y rechazo a la escalada militar)

Pero el problema no es Maduro. El problema es otro, mucho más grave y más profundo: ningún país tiene derecho a decidir el destino político de otro. Ni Estados Unidos, ni China, ni Rusia, ni nadie. Los gobiernos se cambian en las urnas o en procesos internos de cada sociedad, no por la voluntad de una potencia extranjera.

La historia latinoamericana —y la del mundo— debería bastar para encender todas las alarmas.

Rechazo internacional y denuncias de atropello

La intervención estadounidense generó fuertes críticas de gobiernos, organismos internacionales y referentes políticos de distintos signos ideológicos, que denunciaron una violación flagrante del derecho internacional y del principio de autodeterminación de los pueblos.

Desde América Latina hasta Europa, las objeciones se repiten:
no hubo aval de la ONU, no existió consenso regional y se avanzó de manera unilateral, bajo una lógica de fuerza que recuerda a las peores páginas del siglo XX.

Trump, fiel a su estilo, desoyó las advertencias y redobló la apuesta. Porque cuando Washington decide “democratizar”, rara vez escucha.

Y no es la primera vez.

Las anteriores “liberaciones” de los norteamericanos

Estados Unidos tiene una larga tradición de intervenir militarmente o políticamente en otros países en nombre de la democracia, con resultados que suelen ser devastadores. Veamos algunos casos emblemáticos.

5. Irán – 1953
En plena Guerra Fría, Estados Unidos temía que la crisis política en Irán abriera la puerta a la Unión Soviética. El primer ministro Mohammad Mossadegh había cometido un pecado imperdonable: nacionalizar el petróleo.
La CIA impulsó un golpe de Estado que reinstaló al Sha, un aliado dócil de Occidente. Décadas después, ese proceso desembocó en una revolución islámica y en un conflicto regional permanente.
Pero claro, el petróleo no tuvo nada que ver.

4. Guatemala – 1954
Washington no podía permitir que Guatemala “cayera en el comunismo”. El gobierno de Jacobo Árbenz impulsaba una reforma agraria que afectaba directamente los intereses de la United Fruit Company, una empresa estadounidense con enorme poder político.
La CIA intervino, Árbenz fue derrocado y el país entró en una espiral de dictaduras y violencia que duró décadas.
La democracia llegó… mucho después. Si llegó.

3. Panamá – 1989
Estados Unidos invadió Panamá para detener al general Manuel Noriega, acusado de narcotráfico. La excusa fue la “guerra contra las drogas”.
El detalle menor: Panamá controla un canal estratégico clave para el comercio mundial.
La operación dejó cientos de muertos civiles y una soberanía profundamente condicionada. Pero el canal siguió funcionando.

2. Irak – 2003
La inteligencia estadounidense aseguró que Saddam Hussein poseía armas de destrucción masiva. Con ese argumento se lanzó una invasión que destruyó el país.
Las armas nunca aparecieron.
Lo que sí apareció fue el petróleo, los contratos millonarios y una región sumida en el caos, con guerras civiles y grupos terroristas que aún hoy pagan las consecuencias.

1. Venezuela – 2026
Estados Unidos vuelve a encender su rayo democratizador. El objetivo: liberar a Venezuela de una dictadura y de un presidente señalado como narcotraficante.
El dato incómodo: Venezuela posee las mayores reservas de petróleo del mundo.
El dato aún más incómodo: Donald Trump declaró públicamente su intención de involucrarse de manera directa en el negocio petrolero venezolano.
Pero, por supuesto, es solo una coincidencia.

No es Maduro, es la soberanía

Se puede criticar a Maduro.
Se puede denunciar autoritarismos, errores económicos y abusos de poder.
Todo eso es legítimo.

Lo que no es legítimo es que una potencia extranjera decida quién gobierna un país y bajo qué condiciones. Porque cuando Estados Unidos interviene, no libera pueblos: reordena intereses.

La democracia no se exporta con marines.
La libertad no llega en portaaviones.
Y los pueblos no necesitan salvadores armados.

Venezuela, como cualquier nación, tiene derecho a resolver su destino sin tutelajes, sin invasiones y sin cinismo.

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