
A cincuenta años del último golpe de Estado en Argentina, una movilización masiva atravesó todo el país con epicentro en Plaza de Mayo. Organizaciones sociales, políticas y de derechos humanos protagonizaron una de las marchas más grandes de las últimas décadas, en un contexto atravesado por discursos negacionistas desde sectores del poder. La consigna de memoria, verdad y justicia volvió a resonar con fuerza, reafirmando que recordar no es un acto del pasado, sino una necesidad del presente.
La conmemoración del Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia en su 50° aniversario reunió a una multitud que distintas estimaciones ubican en cientos de miles de personas, configurando una de las concentraciones más masivas en torno a esta fecha desde el retorno de la democracia. Desde temprano, columnas de organismos de derechos humanos, sindicatos, agrupaciones políticas y ciudadanos autoconvocados comenzaron a colmar el centro porteño, en una jornada que se replicó con alta convocatoria en ciudades de todo el país.
El acto central estuvo marcado por un fuerte mensaje político: la reivindicación de las políticas de memoria frente a lo que los organizadores definieron como un contexto de “negacionismo institucional”. En ese sentido, hubo críticas directas al gobierno de Javier Milei, en particular por declaraciones y posturas que relativizan el terrorismo de Estado o cuestionan el número de desaparecidos. La movilización, en ese marco, adquirió un carácter no solo conmemorativo sino también de advertencia y resistencia.
Uno de los elementos más destacados de la jornada fue su carácter pacífico. A lo largo de toda la movilización no se registraron incidentes, en un clima de respeto y compromiso colectivo que reforzó el sentido profundo de la fecha. Familias enteras, jóvenes y sobrevivientes convivieron en una marcha que combinó memoria histórica con una fuerte presencia de nuevas generaciones, muchas de las cuales no vivieron la dictadura pero asumen la responsabilidad de sostener su recuerdo.
El documento consensuado por los organismos de derechos humanos hizo hincapié en la necesidad de continuar las políticas de memoria, verdad y justicia, así como en la defensa de los juicios por delitos de lesa humanidad. También se denunció la persistencia de prácticas de violencia institucional en democracia, estableciendo un puente entre el pasado y el presente. En ese sentido, la consigna que atravesó toda la jornada fue clara: tener memoria es tener presente.
La magnitud de la convocatoria estuvo directamente vinculada al peso simbólico de las cinco décadas transcurridas desde el golpe de 1976. No se trató de un aniversario más, sino de una instancia que reactivó debates sobre el sentido de la memoria colectiva en la Argentina contemporánea. En un escenario donde ciertos discursos buscan instalar una reinterpretación del pasado reciente, la masividad de la marcha funcionó como una respuesta social contundente.
En paralelo, la jornada tuvo expresiones culturales, intervenciones artísticas y actividades que reforzaron el carácter popular de la conmemoración. Desde escenarios con música hasta muestras fotográficas y performances, el espacio público se convirtió en un lugar de construcción colectiva de memoria.
Lo ocurrido no fue exclusivo de la Ciudad de Buenos Aires. En provincias como Córdoba, Santa Fe, Mendoza, Tucumán y Río Negro, entre otras, también se registraron movilizaciones multitudinarias, confirmando el carácter federal de la jornada. En muchos casos, incluso, se trató de las convocatorias más importantes registradas en años para esta fecha.
A medio siglo del golpe, la sociedad argentina volvió a dejar en claro que la memoria no es un ejercicio estático ni una consigna vacía. Es una herramienta política, ética y colectiva. Y en tiempos donde ciertos discursos intentan relativizar el horror vivido, la calle respondió con una certeza que atravesó generaciones: recordar es una forma de justicia, pero también una forma de defensa del presente y del futuro. Porque, como resonó en cada rincón del país, tener memoria es tener presente.

Excelente artículo Fernando!