En cumplimiento de la ordenanza 10806/25, quedó formalmente instalado en Rosario el cartel que nombra Melitona Enrique al ex pasaje 734. El homenaje reconoce a la última sobreviviente de la masacre de Napalpí y recupera la memoria de los pueblos originarios. La iniciativa surgió a partir de un pedido de su familia y de la comunidad.

En el marco de la ordenanza 10806/25, aprobada en agosto de 2025, quedó formalmente instalado en Rosario el cartel que designa como “Melitona Enrique” al ex pasaje 734. La medida representa un acto de memoria y reconocimiento hacia la última sobreviviente de la masacre de Napalpí, uno de los episodios más graves de violencia estatal contra pueblos originarios en la historia argentina.

La iniciativa fue impulsada a partir de un pedido de la familia de Melitona Enrique, vinculada a la comunidad de Sorrento, y acompañada por organizaciones culturales y referentes de pueblos originarios de la ciudad. El acto de señalización urbana no solo incorpora un nuevo nombre al mapa rosarino, sino que también busca instalar una referencia histórica y ética en el espacio público.
Melitona Enrique falleció en 2008, a los 107 años. Fue reconocida como la última sobreviviente de la masacre de Napalpí, ocurrida en 1924 en el entonces Territorio Nacional del Chaco, donde fuerzas estatales y grupos armados atacaron a comunidades qom y moqoit. Durante décadas, el hecho permaneció invisibilizado en los relatos oficiales, pese a su gravedad y a la magnitud de las víctimas.
Madre de doce hijos, parte de su descendencia vive actualmente en Rosario. Por ese motivo, la designación de una calle con su nombre tiene también un valor territorial y familiar. El homenaje conecta la memoria histórica con la vida presente de la comunidad, y transforma el recuerdo en una marca concreta y cotidiana.
Gran parte de la vida de Melitona transcurrió en condiciones de extrema pobreza y marginación, como la de muchos integrantes de pueblos originarios del norte argentino. Durante años, su testimonio sobrevivió de manera fragmentaria, transmitido dentro de su comunidad. Recién a comienzos de los años 2000 su historia comenzó a ser recuperada con mayor fuerza por referentes comunitarios y educadores indígenas.
Entre ellos, el maestro qom Juan Chico tuvo un rol central en la recopilación de testimonios y en la difusión de la memoria de Napalpí. Su trabajo, junto con el de investigadores y organizaciones sociales, permitió reconstruir voces que habían sido sistemáticamente relegadas. También contribuyeron relevamientos sanitarios y sociales realizados en comunidades del Chaco, que documentaron la situación de vida de sobrevivientes y descendientes.
Desde el Comité Organizativo y Cultural de los Pueblos Originarios de Rosario señalaron que el nuevo nombre del pasaje busca generar conciencia y reparación simbólica. Destacaron que la memoria no debe quedar restringida a fechas conmemorativas o ámbitos académicos, sino integrarse a la vida urbana. Nombrar una calle es, en ese sentido, una forma de pedagogía pública.
El homenaje apunta además a reconocer la persistencia de las comunidades qom y moqoit, su historia y sus derechos. Referentes locales subrayaron que la memoria de Napalpí no pertenece solo al pasado, sino que interpela al presente en materia de políticas públicas, inclusión y justicia histórica.
La figura de Melitona Enrique se transformó con el tiempo en un símbolo de resistencia silenciosa. Su vida atravesó más de un siglo de transformaciones sociales y políticas, y su testimonio ayudó a sostener la verdad de lo ocurrido cuando aún era negada o minimizada. Para muchos, representó la voz de un pueblo que reclamó durante décadas reconocimiento y reparación.
Con la instalación del cartel y la entrada en vigencia del nuevo nombre, Rosario suma un gesto institucional que enlaza memoria, identidad y espacio público. El pasaje Melitona Enrique se incorpora así a la trama urbana como recordatorio permanente de una historia dolorosa y, al mismo tiempo, como señal de reconocimiento a los pueblos originarios y a su lucha por la memoria.
