El humo de Chubut llegó a Buenos Aires: incendios, sospechas de intencionalidad y quién puede beneficiarse

Los intensos incendios forestales que arrasan la Patagonia argentina volvieron a impactar de forma indirecta en la capital. El humo proveniente de focos activos en Chubut y otras provincias ya se hace sentir en la provincia de Buenos Aires, obligando a alertas sanitarias del Servicio Meteorológico Nacional. La crisis vuelve a poner sobre la mesa preguntas incómodas: ¿cuánto influyen causas humanas —incluida la intencionalidad— en estos fuegos recurrentes? ¿Quién realmente gana con estos desastres?


A comienzos de enero de 2026, un incendio forestal desatado en Puerto Patriada, en la provincia de Chubut, comenzó a expandirse con rapidez por condiciones climáticas adversas —altas temperaturas, baja humedad y vientos predominantes— y consumió más de 1.800 hectáreas en apenas 48 horas. Las autoridades provinciales, ante el avance incontrolable de las llamas, ordenaron la evacuación de más de 3.000 personas y movilizaron brigadistas, aviones hidrantes y helicópteros para intentar frenar el avance del fuego. El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) advierte que el humo resultante no se limita al sur argentino: ha llegado a zonas de la provincia de Buenos Aires, reduciendo visibilidad y elevando los riesgos respiratorios, especialmente para personas con afecciones pulmonares o cardiovasculares. Ambito+1

La Patagonia no es ajena a este tipo de eventos. En la temporada 2024-2025, incendios en Chubut, Río Negro, Neuquén y Santa Cruz arrasaron decenas de miles de hectáreas de bosques nativos, pastizales y plantaciones. Organizaciones ambientales estimaron que solo en la región andino-patagónica más de 50.000 hectáreas fueron devastadas, afectando parques nacionales como Lanín y Nahuel Huapi y generando preocupación sobre la regeneración ecológica a largo plazo. Greenpeace+1

Chubut: “El humo está en toda la Comarca Andina”. Los pobladores se organizaron en brigadas para colaborar en la extinción del fuego, pero hay pocos recursos para tantos focos.

En la Comarca Andina de Chubut, localidades como El Hoyo, Epuyén y sus alrededores están viviendo una situación crítica no solo por las llamas, sino por una densa columna de humo que cubre toda la región y reduce visibilidad, obligando incluso a brigadistas y vecinos a improvisar brigadas comunitarias ante la escasez de recursos oficiales para combatir el fuego. Según reportes locales, el humo no se limita a los bordes de los frentes ígneos: “el humo está en toda la Comarca Andina”, interfiriendo con la vida cotidiana, la respiración y el trabajo de combate, e incluyendo zonas turísticas que aún siguen en alerta pese a las evacuaciones masivas y los focos activos fuera de control. Los vecinos describen un paisaje en el que ya “no se ve ni el cielo ni las montañas” por la intensidad de las columnas de humo, mientras se multiplican los llamados a reforzar la logística de lucha contra el fuego.

Las condiciones climáticas, agravadas por la crisis ambiental, no pueden pasarse por alto: sequías prolongadas, vientos constantes y olas de calor hacen que los incendios se propaguen con mayor rapidez y sean más difíciles de controlar. En este contexto, expertos insisten en la necesidad de mayor inversión en prevención, infraestructura de combate y personal especializado para enfrentar los crecientes focos ígneos. Greenpeace

Sin embargo, el debate se intensifica cuando se aborda el papel de la intencionalidad humana en estos incendios. En el caso más reciente de Chubut, el gobierno provincial ha señalado que al menos uno de los focos fue iniciado con acelerantes, y hasta ofreció una recompensa millonaria para dar con los responsables. En temporadas anteriores, funcionarios provinciales también han sugerido que algunos incendios no son accidentes naturales ni producto exclusivo del clima, sino provocados deliberadamente.

La sospecha de incendios intencionales no es nueva en Argentina. Durante los incendios forestales de 2021 en la Patagonia, varias autoridades —incluido el entonces ministro nacional— afirmaron que ciertos focos fueron iniciados de forma simultánea en distintos puntos, lo que apuntaba a causas intencionales y no a fallos eléctricos o fenómenos naturales. También en otras temporadas, investigaciones oficiales encontraron evidencia de acelerantes en zonas de inicio del fuego, lo que generó hipótesis sobre la participación humana directa. Ambito

¿Por qué se repiten estas acusaciones? Más allá de los factores ambientales, los incendios forestales en Argentina a menudo están vinculados a actividades humanas: desde el uso del fuego para preparar terrenos para pastoreo hasta la negligencia en el manejo de infraestructura rural. De hecho, datos de servicios oficiales de manejo del fuego sugieren que más del 90 % de los incendios en el país tienen alguna relación con actividad humana, aunque esto no siempre implica criminalidad deliberada sino prácticas rurales tradicionales que se salen de control bajo condiciones climáticas extremas. Reddit

Entramos aquí en una zona de controversia: cuando se acusa de intencionalidad, las consecuencias sociales y políticas pueden ser profundas. En casos previos, el gobierno nacional llegó incluso a declarar como “organización terrorista” a grupos vinculados a comunidades mapuches, acusándolos de iniciar incendios, una medida que generó fuertes críticas por falta de evidencias claras y por criminalizar a comunidades indígenas que, por décadas, han denunciado modelos de explotación forestal y extractivismo en sus territorios. El País

¿Quién gana, entonces, con que ocurran incendios en zonas claves del país? La respuesta no es simple ni única, pero existen intereses económicos y políticos que se entrelazan con la tragedia ecológica. Sectores ligados a la expansión de monocultivos forestales (como pinos exóticos), la agroindustria y la ganadería a gran escala se han beneficiado de la transformación de paisajes boscosos en tierras “adecuadas” para sus operaciones. Además, en algunas zonas, la especulación inmobiliaria o la presión por el acceso a recursos estratégicos puede generar tensiones que se reflejan en conflictos territoriales. Activistas ambientales han señalado que políticas estatales que priorizan inversiones en sectores extractivos o que recortan presupuesto para manejo del fuego terminan favoreciendo escenarios donde los incendios se vuelven más frecuentes y devastadores. The Guardian

Lo que está claro es que los incendios que hoy obligan a tomar precauciones sanitarias en Buenos Aires no son un fenómeno aislado. Son parte de un patrón que combina condiciones climáticas extremas con prácticas humanas, a veces negligentes y otras veces potencialmente deliberadas, que requieren una respuesta integral. Más allá de señalar culpables, la prioridad debería ser invertir en prevención, fortalecer la gestión ambiental y garantizar transparencia en las investigaciones para que la tragedia ecológica no se repita cada verano.

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