Texto publicado originalmente en ESFERA COMUNICACIONAL https://esferacomunicacional.ar/donde-esta-hiroshima/

En la historia de la humanidad, el bombardeo sobre Hiroshima y Nagasaki se inscribe como el acto de guerra contra una población civil justificado para terminar un conflicto bélico. Tal como hoy ocurre en Gaza.
Mientras estudiaba la flora y la fauna marina en las orillas de la península de Motoujima, bahía de Hiroshima, el geólogo Mario Wannier, descubrió en la composición de la arena de la playa unas micro esferas que no pertenecían a las estructuras geológicas del lugar. Analizando la composición de su descubrimiento, pudo constatar que estaban compuestas por partículas de cemento, hierro, acero, aluminio, caucho y otros materiales que se encuentran en la construcción de edificios.
Este hallazgo le permitió contestar un interrogante, ¿a dónde fue a parar Hiroshima? La ciudad se evaporó y el hongo nuclear, con una temperatura de unos 1800 ºC, transformó los materiales en aleaciones que se fueron enfriando paulatinamente. Luego, el viento las trasladó y se depositaron en las playas cercanas a la ciudad desaparecida. Se estiman unas tres mil toneladas de este nuevo y ajeno material al que nombraron Hiroshimaites.
En una parte de su informe (febrero de 2019), Wannier dice: “Los escombros de forma aerodinámica, incluyendo las esférulas de vidrio descritas en este estudio, generalmente se producen por eventos catastróficos únicos de alta energía, como el impacto de un cuerpo extraterrestre con la Tierra o una explosión nuclear. Este estudio interpreta los grandes volúmenes de residuos radiactivos generados bajo condiciones extremas de temperatura como productos de la detonación aérea de la bomba atómica de Hiroshima el 6 de agosto de 1945. La composición química de los residuos fundidos proporciona pistas sobre su origen, en particular en lo que respecta a los materiales de construcción de la ciudad. Este estudio constituye el primer registro y descripción publicados de la precipitación radiactiva resultante de la destrucción de un entorno urbano por un bombardeo atómico».
Recordado como un acto de Estados Unidos que forzó a Japón a rendirse de manera incondicional, por este atentado terrorista jamás nadie fue juzgado ni sentenciado. El equivalente a quince mil toneladas de TNT fueron los que detonaron sobre Hiroshima, esta bomba fue bautizada con el simpático nombre de Little Boy (niño pequeño). La segunda, arrojada sobre Nagasaki, tenía una potencia destructiva de veintidós mil toneladas de TNT, esta fue bautizada con el nombre de Fat Man (hombre gordo).
La decisión de arrojar las bombas sobre Hiroshima primero y sobre Kokura después fue que ninguna de las dos ciudades había sido bombardeada antes y que el terreno era lo suficientemente plano como para que la onda expansiva viajara sin detenerse por ningún accidente geográfico. Estas dos condiciones les permitirían a los científicos observar el daño que causaría la explosión nuclear. Kokura se salvó de la devastación porque el día del bombardeo estaba cubierta de nubes y, ante la orden de efectuar sí o sí el bombardeo, las condiciones climáticas condenaron a Nagasaki a la devastación.
Se calcula que aún hay unos 140.000 sobrevivientes que rondan los ochenta años de edad y que dan testimonio del desastre, nombrados como hibakusha. Son los testigos directos de la brutalidad de la catástrofe.
Pero quizás el testigo con mayor poder de testimonio es el hombre que en la mañana del 6 de agosto, a las 8.15, en Hiroshima, ingresaba por la escalera al banco Sumitono. Sobre su cabeza, a 580 metros, explotó la bomba. Hoy se puede ver la sombra que dejó su cuerpo luego de evaporarse.

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