
La fuga de dos internos de la Alcaidía de Tunuyán terminó en tragedia. Pablo Rivero, jefe del establecimiento y oriundo de San Rafael, falleció tras descompensarse mientras participaba en la persecución. El hecho generó un fuerte impacto en el sistema penitenciario mendocino y abrió interrogantes sobre las condiciones laborales y de salud del personal. Ambos prófugos fueron recapturados tras un amplio operativo policial.
La provincia de Mendoza quedó sacudida por una noticia que combinó tensión, persecución y un desenlace fatal. El jueves 19 de febrero, dos detenidos se fugaron de la Alcaidía de Alojamiento Transitorio de Tunuyán, ubicada en el Valle de Uco. En medio del operativo de búsqueda, el jefe de la dependencia, Pablo Antonio Rivero, sufrió una descompensación cardíaca que terminó costándole la vida.
Rivero, de 43 años, contaba con más de dos décadas de servicio en el Servicio Penitenciario provincial. Según informaron medios como Info Ya San Rafael, El Sol y Los Andes, el funcionario participó activamente de la persecución de los prófugos. De acuerdo con testimonios recogidos por la prensa, habría corrido aproximadamente 500 metros antes de descompensarse y caer al suelo.
Fue trasladado consciente en ambulancia al Hospital Regional Antonio Scaravelli, pero pese a los esfuerzos médicos, falleció poco después.
La fuga
Los internos que escaparon fueron identificados como Enrique Acosta Vega y Víctor Bravo Morón. Ambos debían ser trasladados al Complejo Penitenciario San Felipe cuando aprovecharon un descuido para huir del edificio.
Tras la evasión se desplegó un operativo cerrojo en Tunuyán y zonas aledañas, con participación de distintas unidades policiales. En menos de 24 horas, los dos fueron recapturados en distintos puntos del Valle de Uco, según confirmaron fuentes oficiales.
Sin embargo, el foco ya no estaba únicamente en la fuga sino en la muerte del jefe penitenciario.
Antecedentes de salud y polémica
Un dato que agregó dramatismo al caso fue que Rivero había sufrido un infarto en enero de este mismo año. Según informó Info Ya, estuvo internado cuatro días en una clínica privada y luego pidió el alta voluntaria para no perder el presentismo laboral. El 1 de marzo tenía previsto iniciar el trámite jubilatorio.
Ese detalle abrió un debate inevitable: las condiciones de exigencia física y presión laboral dentro del sistema penitenciario. Aunque oficialmente la causa de muerte se vincula a un evento cardíaco, la Fiscalía continúa con la investigación y espera la ratificación de testimonios.
La despedida en San Rafael
El dolor fue especialmente fuerte en San Rafael, ciudad natal de Rivero. Sus restos fueron trasladados el viernes por la mañana y velados en una sala ubicada sobre avenida Vélez Sarsfield. Familiares, compañeros del Servicio Penitenciario y miembros de fuerzas policiales se acercaron para despedirlo y acompañar a sus padres, esposa e hijos.
El sepelio fue postergado por cuestiones judiciales. Según trascendió, una vez que la Fiscalía dé la orden correspondiente, el cuerpo será cremado.
Impacto institucional
La muerte de Rivero dejó una marca profunda dentro del sistema penitenciario mendocino. Compañeros lo describieron como un hombre comprometido con su tarea, respetado dentro de la fuerza y cercano a su equipo.
Mientras tanto, la investigación continúa para determinar si existieron fallas en los protocolos de seguridad durante la fuga y si se cumplían adecuadamente las condiciones médicas y laborales del personal.
La recaptura de los prófugos cerró el capítulo policial, pero no la discusión de fondo. La tragedia expuso la presión que enfrentan quienes trabajan en contextos de alta tensión y recordó que, detrás del uniforme, hay historias personales, familias y vidas que pueden quebrarse en cuestión de minutos.
