
Un funcionario público de 45 años asesinó a tiros a sus dos hijos, de 4 y 6 años, antes de quitarse la vida en su residencia de Santa Catarina. El atacante, que atravesaba un conflictivo proceso de separación, dejó mensajes de texto a su ex pareja minutos antes del crimen. El país debate hoy la falta de alertas tempranas en casos de violencia vicaria.
La mañana del 15 de febrero de 2026 quedará marcada como una de las jornadas más oscuras para la seguridad pública y la sociedad civil en el estado de Santa Catarina, Brasil. Un funcionario del sistema judicial, cuya identidad ha sido parcialmente preservada por las autoridades locales para proteger la privacidad de la madre sobreviviente, protagonizó un acto de violencia extrema que terminó con la vida de sus dos hijos menores de edad y su posterior suicidio. El hecho ocurrió en un complejo residencial de clase media alta, un entorno que, según los vecinos, siempre pareció “tranquilo y ajeno a conflictos de esta magnitud”.
El desarrollo de los hechos
Según el reporte preliminar de la Policía Civil de Brasil, el agresor aprovechó el régimen de visitas del fin de semana para retirar a los niños de la casa materna. Fuentes de la investigación indicaron que, durante la madrugada del lunes, el hombre mantuvo una fuerte discusión telefónica con su ex esposa, de quien se había separado legalmente hacía apenas tres meses. Los peritajes balísticos sugieren que el crimen ocurrió alrededor de las 06:30 horas. Los niños fueron encontrados en sus respectivas camas con impactos de bala de corto alcance, lo que indica que fueron ejecutados mientras dormían o en un estado de indefensión total.
Tras cometer el doble filicidio, el funcionario envió un último mensaje de texto a la madre de los niños con un contenido cargado de resentimiento, responsabilizándola por la ruptura del núcleo familiar. Acto seguido, se quitó la vida con la misma arma reglamentaria que poseía por su cargo en la administración pública. Fue un familiar cercano, alertado por los mensajes de despedida, quien dio aviso a la policía, que debió forzar la entrada de la vivienda para encontrarse con la dantesca escena.
El fenómeno de la violencia vicaria
Este caso ha reavivado en Brasil el debate sobre la violencia vicaria, un tipo de violencia de género en la que el agresor utiliza a los hijos como instrumento para causar el máximo dolor posible a la mujer. Expertos en psicología forense consultados por medios locales señalan que el perfil del agresor —un hombre con un empleo estable, sin antecedentes penales previos y con una imagen social respetable— es recurrente en este tipo de tragedias. “No hay una enfermedad mental evidente en muchos de estos casos, sino una estructura de control y posesión que, al verse amenazada por el divorcio, busca la destrucción total del otro”, explicó un especialista del Instituto de Criminalística.
Repercusiones y falta de protocolos
La noticia ha generado una ola de indignación hacia las instituciones. Se ha revelado que la madre había intentado solicitar una medida de restricción semanas atrás, pero la misma fue desestimada debido a la jerarquía del funcionario y a la supuesta falta de “amenazas físicas directas” en aquel momento. Este vacío en el protocolo de evaluación de riesgos es lo que hoy cuestionan los colectivos de derechos humanos en Brasilia y Florianópolis.
El gobernador del estado emitió un breve comunicado lamentando las pérdidas y prometiendo una revisión interna de los criterios de tenencia de armas para funcionarios en procesos de separación conflictivos. Mientras tanto, la comunidad educativa donde asistían los niños ha organizado vigilias silenciosas, exigiendo que la justicia no se limite a cerrar el caso por la muerte del autor, sino que se analicen las fallas sistémicas que permitieron que un hombre armado y en crisis tuviera acceso irrestricto a sus víctimas.
