Cómo el diseño urbano influye en nuestra salud: caminar más depende de tu ciudad, no solo de tu fuerza de voluntad

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El diseño urbano determina actividad física diaria: ciudades caminables aumentan pasos y mejoran salud poblacional significativamente.

Los entornos más transitables impulsan actividad física y mejoran la salud al fomentar caminatas diarias. El debate sobre salud pública y diseño urbano acaba de recibir evidencia contundente desde Estados Unidos: un estudio reciente demuestra que la forma en que se planifica una ciudad puede determinar cuántos pasos diarios da una persona y, por ende, influir en su bienestar general.


Investigadores de las universidades de Stanford y Washington analizaron datos de más de 2 millones de personas que usaron aplicaciones de teléfono para registrar sus pasos entre 2013 y 2016, focalizando su atención en cerca de 5.400 personas que se mudaron entre distintas ciudades de Estados Unidos. El objetivo: comparar cuántos pasos daban antes y después del traslado, y cómo cambiaba su actividad física según la caminabilidad del nuevo entorno.

Los resultados son claros: quienes se mudaron a ciudades más transitables –es decir, con mejores condiciones para caminar, proximidad a servicios, calles conectadas y espacios peatonales– aumentaron su promedio diario de pasos en alrededor de 1.100 pasos (equivalentes a unos 11 minutos adicionales de caminata diaria). Por el contrario, mudarse a entornos menos caminables redujo la actividad física en proporciones similares.

Este incremento no fue meramente casual: las caminatas adicionales fueron, en muchos casos, de ritmo rápido, lo que corresponde a actividad física de moderada a vigorosa, asociada en múltiples estudios con mejores indicadores de salud, reducción de riesgo cardiovascular y menor mortalidad global.

Por qué importa la caminabilidad urbana

La ciudad donde vivimos puede favorecer o dificultar el movimiento cotidiano. Un lugar con buena transitabilidad –medida por herramientas como Walk Score, que evalúa la cercanía a comercios, escuelas, parques y otros puntos de interés– invita a caminar más porque las personas realizan caminatas funcionales: ir al trabajo, comprar, desplazarse a servicios o simplemente recorrer su barrio.

El estudio incluso simuló escenarios hipotéticos: si todas las ciudades estadounidenses alcanzaran la pedalada de caminabilidad de metrópolis como Chicago o Filadelfia, unos 36 millones de personas más cumplirían las recomendaciones semanales de actividad física aeróbica. Si todas fueran tan transitables como Nueva York, ese número subiría a unos 47 millones.

Determinantes sociales y diseño urbano

Estos hallazgos subrayan que la actividad física no depende exclusivamente de la motivación individual, sino de factores estructurales del entorno construido que pueden facilitar o inhibir los hábitos saludables. El diseño urbano –desde la planificación de calles, veredas y espacios públicos hasta la integración de zonas mixtas donde se combinan vivienda, comercio y servicios– se revela como un determinante social de la salud.

Invertir en ciudades caminables no es solo cuestión estética o de confort: es política pública para mejorar la salud colectiva. Más aceras seguras, mejor conectividad peatonal, acceso a transporte público y planificación urbana orientada a las personas pueden traducirse en actividad física real y sostenida, con beneficios tanto individuales como comunitarios.

En síntesis, la evidencia sugiere que para caminar más y promover una población más activa no siempre hace falta apuntarse al gimnasio: basta con diseñar ciudades que inviten a caminar. El reto para planificadores, autoridades y ciudadanos es claro: redefinir nuestras ciudades como espacios saludables que favorezcan el movimiento y el bienestar de todos.

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