Banquete prohibido: el japonés que cocinó y sirvió sus propios genitales como obra de arte

Aunque volvió a circular en medios en 2026 por una nota retrospectiva, el polémico banquete del artista japonés Mao Sugiyama ocurrió en abril de 2012. El episodio, que generó horror y debate sobre los límites del arte y la autonomía corporal, no es actual, pero reaparece periódicamente como símbolo de provocación extrema en Japón.

Mao Sugiyama es un joven artista que se autodefine como asexual. En el 2012, publicó el tuit con la invitación polémica que tenía una parte de su cuerpo como menú. ¿Qué pasó con su vida después de la cena caníbal?

En Japón, un artista asexual que se volvió viral por invitar a un banquete donde el plato principal eran sus propios genitales reabrió viejos tabúes sobre el cuerpo, la autonomía y los límites del arte. La polémica revela tensiones profundas en una sociedad que alterna tradición, represión sexual y un creciente debate sobre la libertad individual frente a normas culturales rígidas.


El banquete que horrorizó a Japón

En abril de 2012, un mensaje en Twitter bastó para sacudir a Japón más allá de cualquier obra de arte convencional, organizó una cena especial. “Plato principal: mis genitales. Interesados, escriban por privado.” El autor fue Mao Sugiyama, entonces un ilustrador desconocido para el gran público, quien anunció la performance culinaria más extrema del último tiempo.

Sugiyama, nacido en 1990 y autodefinido como asexual, pasó largos años de su vida sintiéndose fuera de lugar. Rechazando las etiquetas tradicionales de género e identidad sexual en una sociedad con fuertes expectativas de masculinidad, terminó encontrando en la anulación de sus propios atributos sexuales una forma de afirmarse. Para lograrlo, consultó con médicos, psiquiatras y abogados, y bajo el principio de autonomía corporal se sometió a la extirpación voluntaria de sus órganos genitales.

Su idea —relatada en documentos, correos y detalles minuciosos— era clara: si su identidad estaba desligada de lo sexual, ese acto de desprendimiento no podía quedarse en lo íntimo, sino convertirse en declaración artística. El resultado fue un sofisticado evento performático donde cinco asistentes pagaron por probar una porción de una carne que no era “otra”, sino su propio cuerpo.


¿Qué ocurrió en la cena?

El evento, celebrado en un salón de Tokio por 20 000 yenes por cubierto (unos 250 USD), no fue improvisado ni clandestino. Sugiyama exigió pruebas médicas de salud, trabajó con un chef profesional y estructuró la logística para evitar riesgos de salud pública. La carne se cocinó con perejil, champiñones y limón, y aunque quienes la probaron describieron el sabor como “gomoso e insípido”, el impacto simbólico fue enorme.

La cobertura periodística japonesa fue moderada, pero en Occidente la historia fue interpretada —y criticada— como el ejemplo más insólito de “canibalismo consentido” relacionado con el arte, la autonomía corporal y los límites de lo permitido socialmente.


¿Casos similares en la historia?

Aunque la performance de Sugiyama es única en su tipo por su explícita planificación artística y consentimiento, la historia mundial y japonesa tiene otros ejemplos perturbadores de canibalismo y provocación.

Uno de los casos más notorios vinculados a Japón es el de Issei Sagawa, un hombre que asesinó, mutiló y canibalizó a una compañera de estudios neerlandesa en Francia en 1981. Tras ser declarado legalmente loco en Francia, fue deportado y liberado en Japón por tecnicismos legales, convirtiéndose en una figura macabra que vivió como autor y personaje mediático hasta su muerte en 2022.

No pueden compararse directamente —Sagawa fue criminal, mientras que Sugiyama actuó con consentimiento y bajo un marco artístico— pero ambos casos muestran cómo ciertos temas extremos pueden llegar a formar parte de narrativas públicas, sean morales, legales o culturales.

Artistas extremos fuera de Japón también han usado el cuerpo propio como campo de experimentación: desde performances autolesivas de Chris Burden o Marina Abramović hasta casos de antropofagia consensuada en Occidente (como Armin Meiwes, quien publicó un anuncio para encontrar a alguien que aceptara ser consumido).


Japón: arte, tabú y sociedad

¿Por qué el caso de Sugiyama causó tanto impacto? Japón es una sociedad con tensiones complejas: por un lado, una rica tradición artística que ha explorado lo grotesco, lo sensual y lo surrealista; por otro, normas sociales muy estrictas sobre decoro, sexualidad y cuerpo. La exposición pública de genitalidad sigue siendo prácticamente tabú, y cualquier transgresión extrema suele generar rechazo inmediato.

Incluso otras artistas japonesas que han explorado la sexualidad y los órganos sexuales, como Megumi Igarashi (Rokudenashiko) —famosa por su arte escultórico basado en la vulva— han enfrentado cargos por obscenidad y debates culturales sobre lo que se puede mostrar y qué no.

El caso de Sugiyama no solo desafía los límites del arte, sino también nuestros prejuicios sobre el cuerpo, el consentimiento y la autonomía individual. Para algunos se trató de una provocación vacía o incluso peligrosa; para otros, una declaración radical sobre la libertad del sujeto frente a normas sociales inamovibles.


El banquete de Mao Sugiyama sigue siendo un hito curioso en la historia del arte contemporáneo y un espejo para las sociedades sobre cómo se negocia la intimidad, la identidad y los límites del cuerpo humano. Más allá del horror inicial, su historia obliga a preguntarse qué hacemos con nuestros propios cuerpos cuando las reglas sociales y nuestras decisiones personales entran en conflicto.

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