Una necrológica para un futuro cercano

A Ibrahim Traoré

Ibrahim Traoré, actual líder de Burkina Faso

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Esta nota la escribo con un nudo en la garganta, con ese malestar que se siente cuando algo injusto sucederá, pero uno no puede hacer nada para cambiarlo…

Esta nota habla de la muerte futura de alguien. Decir esto es no decir nada. Es una flor ante una tumba que todavía no existe. Habla sobre la muerte cercana de alguien joven, con salud fuerte, pero con un mensaje terrible, con una exigencia prohibida: dignidad.

Dicen que las coincidencias no existen. Traoré nació unos cinco meses después de la muerte del revolucionario más importante del siglo XX, el también burkinés Thomas Sankara, en un país que había comenzado a cambiar estructuralmente y que, con el líder ya muerto, volvería a la pobreza, la corrupción y, sobre todo, al colonialismo más rancio.

Burkina Faso, país africano y excolonia francesa, es hoy epicentro de una lucha entre soberanía y neocolonialismo. Está liderado por Ibrahim Traoré, un joven revolucionario que en el último año apareció en el centro de las noticias internacionales.

Parece que en África todo se hace a la fuerza, y Traoré no fue la excepción, pues llegó al poder con un golpe de Estado palaciego en septiembre de 2022, derrocando al también militar Sandaogo Damiba. Aquel líder desconocido del fin del mundo hoy gobierna Burkina Faso y acaba de irrumpir con fuerza en la escena global.

A quienes nos interesa la cuestión africanista, lo seguimos desde hace un tiempo, quizás porque, en el fondo, soñamos con un segundo Sankara.

Thomas Sankara, el gran líder que fuera presidente de Burkina Faso entre 1983 y 1987, y que, con solo 33 años, impulsó una revolución sin precedentes: nacionalizando tierras, alfabetizando y vacunando a millones, se enfrentó a las estructuras tribales patriarcales y denunció el colonialismo francés en foros internacionales.

Thomas Sankara (1949–1987)

Sankara fue víctima de uno de los tres grandes destinos que sufre todo aquel líder popular que busca la dignidad de los pueblos, rebelándose contra el poder: el destierro y el olvido, la cárcel o el asesinato. Fue asesinado por sus propios compañeros del ejército en un golpe apoyado desde el exterior.

Ibrahim Traoré, quien parece seguir el legado de Sankara, ha dejado atónitos a los más románticos con su discurso de liberación y autonomía. Y a los más conservadores, los ha logrado incomodar. Hace poco lo vimos enfrentarse con crudeza a Netanyahu en una cumbre internacional, donde lo interpeló públicamente mientras denunciaba las políticas israelíes hacia Palestina y el rol del colonialismo occidental en África. El momento se viralizó en redes, fortaleciendo su figura como líder antiimperialista y despertando el rechazo de sectores alineados con Estados Unidos e Israel.

¿Qué representa hoy Traoré?

Traoré tiene una mirada definida sobre el rol de África en general y de su país en particular. Ha nacionalizado sectores estratégicos, impulsando la industrialización y apostando fuerte por la producción de oro —Burkina Faso es uno de los principales productores del continente—. Promueve nuevos proyectos productivos, y sus políticas están despertando admiración en toda África.

Pero el liderazgo de Traoré se da en un contexto extremo. Burkina Faso atraviesa una profunda crisis bélica: más del 60 % del territorio está fuera del control estatal, dominado por insurgencias yihadistas como JNIM (afiliado a Al Qaeda). Mientras tanto, los grupos opositores internos —muchos apoyados por fuerzas extranjeras y antiguos sectores militares— buscan debilitar su mandato.

Lamentablemente, esta nota es un presagio. Traoré es joven: tiene 37 años. En África, donde la supervivencia es un lujo, no se puede perder tiempo. De pequeños ya viven la adultez. Traoré no cumplirá los 40. Es la historia que a fuerza de repetirse una y otra vez sella su destino. Es un triste presagio. Un tic-tac que ya está sonando sobre su cabeza.

Lo asesinarán, y dentro de algunos años se sabrá que el grupo que lo hizo estuvo financiado —directa o indirectamente— por algún centro de poder. La explicación oficial será la de siempre: que es una zona convulsionada, que había guerras, yihadismo, caos. Ya la conocemos.

Un proverbio chino dice: “Al clavo que sobresale, martillo”. Traoré está diciendo lo que el mundo necesita escuchar, aunque los poderes globales no estén dispuestos a permitirlo.

No será el primer gran líder del siglo XXI en ser silenciado por las prácticas de la derecha global. Desde Gadafi en Libia hasta Marielle Franco en Brasil, pasando por el intento de asesinato a Cristina Fernández de Kirchner en Argentina —o el lawfare, que hace años parece estar de moda en América Latina: Evo, Correa, Lula, Zelaya. La historia se repite, siempre.

Sankara fue traicionado primero y asesinado después, por atreverse a decir que África no es pobre, sino que ha sido saqueada por manos extranjeras. Ibrahim Traoré morirá antes de los 40, probablemente cerca del mismo lugar donde cayó su admirado Sankara. Él lo sabe. Y, aun así, avanza. Porque tiene al pueblo a su espalda. Porque ya no hay vuelta atrás. Porque quien ama a su patria no especula. Avanza.

Traoré, lamentablemente, morirá joven. Y seremos nosotros quienes debemos estar atentos, y hacerlo bandera antes que el capitalismo lo haga remera.

Fernando Chinellato

Fernando Chinellato
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Profesor de música y estudiante de Filosofía. Creador de La Redada Diario.

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