Argentina paralizada: ¿por qué el paro de este jueves puede ser histórico y qué deja al descubierto?

Los gremios del transporte confirmaron que se adhieren al paro general confirmado por la CGT

Un paro nacional de 24 horas convocado por la Confederación General del Trabajo (CGT) y con amplio respaldo de sindicatos clave sacudirá a Argentina este jueves 19 de febrero en rechazo al proyecto de reforma laboral que se debate en la Cámara de Diputados. La medida, anunciada en conferencia de prensa por uno de los dirigentes del triunvirato cegetista, Jorge Sola, promete detener actividades en todo el país y cortar servicios esenciales, desde colectivos y trenes hasta vuelos, en una jornada que los sindicatos definen como “contundente”.

La huelga —la cuarta de esta magnitud contra el gobierno— se da en un clima de tensión social y política creciente, con reclamos que van desde el rechazo explícito a las modificaciones propuestas en las leyes laborales hasta la protesta por cierres de fábricas y pérdida de empleos.

Un paro con peso… pero ¿suficiente?

Desde el núcleo cegetista se habla de “paralizar Argentina de punta a punta”, una frase repetida hasta el hartazgo en comunicados y notas periodísticas. El pronunciamiento se acompaña de cifras alarmantes: caída de 300.000 empleos formales en dos años, cierre de plantas emblemáticas como Fate y miles de pymes que desaparecieron en el mismo período, según los propios dirigentes sindicales.

No hay dudas de que, si se cumplen las adhesiones anunciadas por los gremios del transporte —como la Unión Tranviarios Automotor (UTA) que confirmó su participación—, la huelga afectará la vida cotidiana de millones de argentinos.

¿Por qué este paro importa? El contexto político y económico

El detonante formal es la reforma laboral que impulsa el gobierno, vista por los sindicatos como un ataque a derechos conquistados y una amenaza a la dignidad del trabajo. La CGT advierte que no está en contra de “modernizar” el marco laboral, pero sí de hacerlo retrocediendo sobre derechos básicos.

El plan oficial busca —según el Ejecutivo— flexibilizar normas para incentivar inversiones y empleo, pero en la práctica ha generado alarma y rechazo entre sectores trabajadores que ven la reforma como un recorte encubierto de protección social. Asimismo, la iniciativa se discute en medio de un contexto económico complejo, con reclamos por inflación persistente, paritarias “pisadas” y niveles de informalidad que siguen subiendo.

Críticas al Gobierno… y a la propia CGT

Es comprensible que la clase trabajadora y sus organizaciones se opongan a políticas que impliquen recortes de derechos laborales, sobre todo cuando la economía se resiente y las condiciones reales de vida se deterioran. Sin embargo, el paro anunciado este jueves también deja al descubierto una CGT que llega tarde a posicionarse con firmeza mientras su liderazgo sigue encasillado en protestas tradicionales que, muchas veces, no rompen el statu quo ni generan resultados concretos más allá de la foto sindical.

A lo largo de los últimos años, la CGT ha mostrado recurrentes dificultades para armar acciones que no terminen siendo simbólicas o “de calendario”. En múltiples oportunidades, la central fue criticada por sectores combativos por no coordinar con las otras organizaciones obreras para construir un frente de lucha más amplio y eficaz. De hecho, incluso en esta ocasión hubo exigencias internas de endurecer las medidas —incluyendo movilizaciones masivas— que no fueron plenamente adoptadas por la conducción cegetista.

Además, la ausencia de una estrategia clara para enlazar las luchas sectoriales con una propuesta política y económica alternativa de fondo deja a los trabajadores en el terreno reactivo, más que propositivo. Que la CGT se ponga las pilas ahora, cuando la reforma laboral está a un paso de tratarse, podría verse más como una reacción tardía que como una verdadera planificación estratégica para defender derechos de manera sostenible.

Paro sí, pero ¿qué sigue después?

De nada sirve una jornada de protestas que paraliza servicios si luego no se plantea un camino de acción claro: articulación con las CTA y otras centrales, planes de lucha sostenidos, propuestas alternativas a la reforma y presión política efectiva en el Congreso. Sin una estrategia de conjunto, esta huelga —por más impacto que tenga— puede quedar en otro paro de jueves que no modifique sustancialmente el rumbo de la discusión ni frene el avance de políticas que amenazan derechos laborales y condiciones de vida.

Los trabajadores argentinos merecen representación que vaya más allá del gesto, que piense estrategias de largo alcance y que no se contente con titulares de confrontación. Si el paro del jueves termina siendo un acto de resistencia aislado, sin consecuencias reales y sin construir unidad de clase, será difícil que esta protesta marque un antes y un después en la defensa de los derechos laborales en Argentina.

Además, según Paro de la CGT: colectivos, subtes, trenes y vuelos, uno por uno los servicios afectados por la huelga general anunciada (La Nación), la huelga tendrá un impacto muy amplio en servicios esenciales: gran parte de los transporte públicos de pasajeros y de mercancías quedarán paralizados y múltiples gremios del sector confirmaron su adhesión a la protesta. La Unión General de Asociaciones de Trabajadores del Transporte (UGATT), la Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte (CATT) y los sindicatos ferroviarios anunciaron que no habrá actividades habituales en trenes y subtes, mientras que la Unión Tranviarios Automotor (UTA) también confirmó su participación, lo que implica que no circularán colectivos en todo el país, según los comunicados oficiales. Además, los gremios aeronáuticos anticiparon que miles de vuelos serán cancelados, con un impacto directo en pasajeros de cabotaje e internacionales, y otros sectores como la banca y el comercio también se verán afectados por la medida de fuerza, con ausencia de atención presencial y servicios reducidos.

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