Crisis textil en Argentina: cierre de una empresa centenaria y un sector al borde del colapso

La crisis textil suma víctimas: una empresa centenaria cierra dos plantas por la apertura importadora. La compañía anunció el cierre de sus plantas en Corrientes y Chaco, con el despido de 250 empleados

La industria textil argentina enfrenta una de sus peores crisis recientes, marcada por el cierre de la histórica empresa Emilio Alal, que dejó sin trabajo a 260 empleados, y por múltiples despidos y suspensiones en fábricas de todo el país. El deterioro del consumo interno, la presión de importaciones y los elevados costos productivos erosionan la competitividad local, mientras la producción y el empleo caen en picada en un sector clave de la economía.


La industria textil —antes pilar de la manufactura nacional y generadora de centenares de miles de empleos— atraviesa un momento crítico que tiene raíces profundas en la evolución económica reciente de Argentina. El último golpe fue el cierre de Emilio Alal, una firma con más de 100 años de historia, que cesó sus operaciones en Corrientes y Chaco y desvinculó a 260 trabajadores, citando un contexto comercial “adverso e inviable” para seguir produciendo en el país.

Un sector con cifras de crisis

Los datos oficiales y empresariales condensan la gravedad de la situación: en octubre de 2025, la actividad de la industria textil cayó 24% interanual, muy por encima del promedio de la manufactura general, que retrocedió apenas 2,9% en el mismo período. La utilización de la capacidad instalada se desplomó a menos de un tercio de su potencial, mientras que entre diciembre de 2023 y el último trimestre del año pasado se perdieron más de 16.000 empleos formales en el sector.

Este escenario no solo se refleja en el cierre de Alal. Empresas como TN & Platex decidieron suspender o cerrar plantas y dejaron a cientos de trabajadores fuera de sus puestos en Tucumán, La Rioja y otras provincias, en una cadena de ajustes que parece interminable.

Consumo deprimido y apetito por importados

Una de las causas estructurales de la crisis es la caída del consumo interno. La pérdida de poder adquisitivo de los hogares argentinos —en un contexto de inflación persistentemente alta— ha reducido drásticamente la demanda de prendas de vestir y textiles, empujando a las empresas a achicar producción o directamente cesar actividades.

A este fenómeno se suma la creciente entrada de productos importados, especialmente desde países con costos de producción más bajos como China. El aumento de importaciones, tanto de hilados y telas como de ropa terminada, ha ejercido una fuerte presión competitiva sobre la manufactura nacional, con importaciones que suben a ritmos muy superiores a los de la producción local y destruyen mercados domésticos que antes abastecían industrias argentinas.

Historias que reflejan la crisis

No es un problema aislado. A mediados de 2025, la fábrica Textilana S.A., que produce la reconocida marca Mauro Sergio, redujo su producción en 20% y despidió a alrededor de 150 trabajadores ante el desplome de las ventas y el exceso de inventario. El deterioro del mercado local y la pérdida de terreno frente a importaciones fueron citados como las principales razones de esta reestructuración.

Estas situaciones se repiten a lo largo y ancho del país. En varios puntos del interior argentino, fábricas textiles de menor tamaño han anunciado cierres o recortes operativos que impactan no solo en los trabajadores directos sino en proveedores, comerciantes y economías regionales dependientes de la actividad manufacturera.

Competitividad, costos y condiciones estructurales

Más allá de las ventas y el consumo, los industriales señalan factores que agravan la crisis. Entre ellos, la elevada carga impositiva, los costos laborales y energéticos, las dificultades de acceso a financiamiento competitivo y una estructura de costos que ubica a las fábricas locales en desventaja ante los productos importados.

El deterioro del tipo de cambio también ha jugado un papel importante. Una divisa relativamente apreciada frente al contexto inflacionario ha hecho que los productos importados resulten más baratos en pesos, incentivando su ingreso y disminuyendo aún más la participación del producto nacional en el mercado interno.

Impacto en el empleo y en la economía regional

La contracción del sector textil tiene efectos macro y microeconómicos significativos. No solo se pierden empleos directos —registrados en cifras que ya superan los 16.000 puestos formales solo en los datos más recientes— sino que se genera incertidumbre en torno al empleo indirecto y en economías regionales donde la industria textil es un motor clave.

Además, el debilitamiento de una industria tradicionalmente intensiva en mano de obra contribuye a agravar problemas sociales y territoriales en provincias y localidades donde no hay tantas fuentes alternativas de empleo.

¿Hay señales de recuperación?

Si bien en algunos segmentos del sector se observa una leve desaceleración en la caída de la actividad, las expectativas de recuperación dependen de cambios importantes en las condiciones de compras internas, una posible reactivación del poder adquisitivo y políticas que protejan o incentiven la producción local.

Organizaciones empresarias y gremiales han pedido medidas que contemplen la competitividad, el alivio de cargas tributarias y un monitoreo más estricto de las importaciones para equilibrar la cancha frente a la competencia externa, aunque sin consenso claro sobre qué herramientas deberían implementarse o priorizarse.

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