Bodegas Bianchi, un emblema del vino argentino, al borde del colapso financiero

Los incumplimientos se concentraron en las últimas semanas, mientras la vitivinicultura enfrenta mayores costos y una marcada caída de la demanda interna y externa.

La histórica Bodegas Bianchi acumuló más de $1.000 millones en cheques rechazados y negocia con proveedores y acreedores para sostener su operación en medio de la crisis del sector vitivinícola. La empresa trabaja para evitar un concurso de acreedores mientras la caída del consumo, el alza de costos y la retracción de las exportaciones golpean duramente a Mendoza.


Bodegas Bianchi, una de las casas vitivinícolas más tradicionales de Mendoza con casi un siglo de historia, se encuentra en una encrucijada financiera que encendió alarmas en toda la industria del vino argentino. Según registros oficiales del Banco Central, la firma acumuló 80 cheques rechazados por falta de fondos por más de $1.012 millones entre fines de diciembre de 2025 y mediados de enero de 2026. 

La situación puso en evidencia una tensión severa en la cadena de pagos, un síntoma que ya venía consolidándose en varios sectores de la economía argentina, donde los cheques sin fondos crecieron por la caída de ventas y los elevados costos de financiamiento.  Para una empresa con la magnitud histórica de Bianchi —fundada en 1928 por Valentín Bianchi y con una trayectoria que atravesó décadas de expansión y prestigio— este deterioro no es un hecho menor. 

La bodega sostiene sin embargo que sigue operando y que no tiene atrasos formales en su deuda bancaria, al menos según las categorías oficiales del sistema financiero en relevamientos preliminares. Aún así, el volumen de cheques rechazados apunta a una gran tensión de liquidez y una incapacidad puntual para cumplir con ciertos compromisos de corto plazo. 

Negociaciones urgentes con proveedores y acreedores

Frente a este escenario, la conducción de Bodegas Bianchi inició conversaciones con proveedores, contratistas y acreedores para intentar regularizar la situación y evitar un concurso de acreedores, el camino que recientemente siguió otra histórica bodega mendocina, Bodega Norton, cuando solicitó esa figura legal tras acumular más de 100 cheques rechazados y deudas por decenas de millones de dólares. 

Desde la compañía emitieron comunicados en los que aseguraron estar en “diálogo con toda la cadena de valor” y reafirmaron su “compromiso con la transparencia y la buena fe” para encauzar la actualidad financiera.  Esta batería de negociaciones también busca garantizar la continuidad operativa de la empresa, que tiene viñedos y establecimientos tanto en San Rafael como en el Valle de Uco. 

No obstante, fuentes del sector advierten que la gravedad del momento podría tener implicancias más amplias, y que una caída de Bianchi podría desencadenar un efecto dominó entre proveedores y contratistas que ya trabajan con márgenes muy ajustados. 

Una industria bajo presión

El problema de Bianchi no aparece de la nada, sino que se inserta en un contexto más amplio de fragilidad en la vitivinicultura argentina. En 2025, las bodegas sufrieron un aumento significativo de costos de producción, especialmente en insumos como la uva, lo que llevó a trasladar esos incrementos a los precios finales. Sin embargo, en un mercado interno con consumo retraído, esos aumentos no siempre se consolidaron, presionando los márgenes de rentabilidad. 

A su vez, las exportaciones de vino argentino cerraron el año pasado en su peor nivel de la década, con ventas que rondaron los 661 millones de dólares, afectadas por un tipo de cambio real bajo y la pérdida de competitividad frente a otros orígenes.  Ese doble efecto —interno y externo— contribuyó a tensar tanto los flujos de caja como la capacidad de pago de las empresas del sector.

En busca de aliviar la presión financiera, Bodegas Bianchi incluso realizó la venta de activos importantes, como una finca histórica de aproximadamente 100 hectáreas en San Rafael, cerrando la operación en torno a los 10 millones de dólares, aunque esa medida no fue suficiente para revertir el deterioro general de la caja. 

¿Qué viene para Bodegas Bianchi?

Si bien la empresa no ha confirmado oficialmente un concurso de acreedores, las negociaciones en curso con proveedores y la concentración de cheques rechazados sugieren que está transitando una etapa crítica. La compañía insiste en que su objetivo es honrar sus compromisos y mantener la producción en marcha, incluso en un entorno económico desafiante. 

Para los observadores del sector, el caso Bianchi es otra señal de que la vitivinicultura argentina enfrenta una tormenta perfecta: costos en alza, caída del consumo y condiciones de mercado que dificultan sostener modelos de negocio tradicionales. Más allá de la trayectoria centenaria de la firma, el desenlace de esta negociación podría marcar un punto de inflexión para la industria entera.

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