¿Dueño del mundo?

Una mirada crítica al intervencionismo de Estados Unidos que cuestiona la naturalización del poder unilateral y advierte sobre los riesgos de permitir que una nación decida el destino de otras.

En una semana marcada por amenazas, discursos belicistas y avances unilaterales, el accionar de Estados Unidos vuelve a poner en debate una lógica de poder que el mundo parece haber naturalizado. Este artículo no busca defender gobiernos ni líderes, sino cuestionar la idea de que una sola nación pueda decidir el destino de otras, intervenir territorios soberanos y apropiarse de recursos ajenos sin consecuencias, mientras el resto del mundo observa, calla o se acostumbra.

El mundo ha vuelto a cambiar en solo una semana, y hemos sido testigos de una nueva operación militar por parte de Estados Unidos a un país latinoamericano. El avance de Donald Trump sobre Venezuela y sobre quien fuera —para bien o para mal— su presidente, Nicolás Maduro, ha alertado a toda América Latina y al resto del mundo.

No he venido aquí a escribir sobre Maduro y su situación judicial; no es el objetivo de este artículo. Lo que me interesa es poder reflexionar sobre estos hechos y la situación en la que ha quedado el mundo (algo que se ha hecho a lo largo de estos días, pero que no me parece mal volver a hacerlo) y resaltar que no debemos normalizar ni pasar por alto lo sucedido.

Una sola persona, Trump, de manera unilateral, tomó la decisión de que sus fuerzas militares entren a un país soberano e independiente y se lleven a su presidente, violando la propia Constitución de Estados Unidos y todos los tratados internacionales a los que está adherido.

Y una se pregunta: ¿cuál es la razón para realizar estas acciones? El petróleo. Donald Trump lo ha admitido sin pudor frente a todos los medios de comunicación; aceptó que la soberanía y la libertad de los ciudadanos venezolanos lo tiene sin cuidado. Es más, declaró que Venezuela sería intervenida por Estados Unidos durante el tiempo que él crea necesario. Además, durante esta semana, Estados Unidos ha bloqueado los barcos petroleros que entran y salen de Venezuela y ha interceptado e incautado varios tanqueros que trasladaban petróleo crudo en la zona del Caribe, con la intención de quedarse con dicho material.

Por último, las intenciones de Trump por Venezuela se pueden vislumbrar en el “arreglo” que ha hecho con Delcy Rodríguez —quien fuera la vicepresidenta de Maduro y quien hoy está a cargo del gobierno—. En una de sus declaraciones ha dado a entender que Venezuela le entregará alrededor de 50 millones de barriles de petróleo en beneficio de ambos países. Con este hecho queda claro que ni el supuesto “Cartel de los Soles”, junto con los supuestos hechos de narcotráfico, ni la violación a los derechos humanos fueron de gran importancia a la hora de sentarse a negociar con un supuesto gobierno que ha cometido dichos delitos. De más está decir que le ha dado la espalda a la oposición venezolana y ha echado por tierra las intenciones de la “flamante” y reciente premio Nobel de la Paz, Corina Machado, de tomar el poder.

No contentos con sus acciones, Trump y los miembros de su gobierno no tuvieron inconveniente en comenzar a amenazar a todos los países que no se alinearan a su pensamiento ultraderechista, hayan criticado su accionar, necesiten de sus recursos o que simplemente se crucen en su camino.

Colombia: Trump ha acusado a su presidente, Gustavo Petro, de “llevar la droga a Estados Unidos” y, frente a la pregunta de un periodista, ha declarado que es posible que tenga el mismo destino que Maduro. (El Destape)

México: Desde hace un tiempo existe la intención de intervenir las fronteras para “combatir el narcotráfico”. Su presidenta, Claudia Sheinbaum, ha rechazado esta “ayuda” y declaró: “subordinación e intervención, no”.

Groenlandia: El presidente estadounidense declaró en estos últimos días que “por seguridad nacional, necesitamos Groenlandia (…). Es muy estratégica en este momento”. (El Destape)

Irán: Frente a las recientes protestas en el país de Oriente, el gobierno advirtió que “si empiezan a matar gente como lo han hecho en el pasado, Estados Unidos los va a golpear muy duro”. (El Destape)


¿Cuál es la finalidad de repasar estos hechos?

Lo primero que quiero remarcar es la sorpresa (o no tanto) que me ha generado que Donald Trump pueda declarar esta cantidad de barbaridades e incoherencias frente a los medios de comunicación del mundo sin que le tiemble la voz. Me pregunto: ¿por qué? ¿Cómo es posible? ¿Es exceso de confianza o de locura? ¿Exceso de poder?

Creo que todos estamos de acuerdo en que, a lo largo de su historia, Estados Unidos casi nunca ha tenido represalias. La ONU jamás ha tenido pronunciamientos ni ninguna advertencia en contra de su accionar. Es por ello que quienes habitamos el resto del mundo nos hemos acostumbrado a vivir y a normalizar este tipo de acciones, y nos han hecho creer que Estados Unidos tiene el derecho a invadirnos, a intervenir nuestros países, nuestras vidas. A ser dueños del mundo.

En segundo lugar, aunque desde todos los rincones del mundo, incluidos los ciudadanos de Estados Unidos, han alzado la voz en contra de las amenazas y el intervencionismo, pareciera que, en la actualidad, al mundo lo gobierna la ultraderecha en pos del poder y el odio. Llevan sangre en sus manos: según The New York Times, durante los bombardeos a Venezuela y la posterior captura de Maduro murieron 80 personas. El jueves pasado, una activista por el derecho a los inmigrantes fue asesinada por el ICE.

Por último, considero que algunos gobiernos han interpretado esta acción como una reafirmación de la hegemonía estadounidense, mientras que otros ven un riesgo de escalada y confrontación entre bloques internacionales, es decir, EE.UU. en contra de Rusia y China por el poder. Sea cual fuere la razón, la realidad es que todos los países deben tener el derecho a decidir su destino; los pueblos deben elegir a sus representantes y alzar la voz si no respetan su Constitución hasta recuperar la democracia. Lo que no se puede permitir bajo ninguna circunstancia es que alguien de afuera decida el destino de los pueblos, les quite sus recursos y los despoje de toda dignidad.

Lamentablemente, esto recién comienza y debemos estar alerta frente al avance de la ultraderecha en el mundo. Sin ir más lejos, se comenta que están regalando los recursos argentinos, quemando nuestra Patagonia para hacer negocios inmobiliarios y regalando nuestras tierras a extranjeros.

Ayelén Ferreyra
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Ayelén Ferreyra es estudiante avanzada de la Licenciatura en Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Ha escrito trabajos sobre bioética y derechos humanos.

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