Una niña de 12 años lucha por su vida tras el impacto de una bala perdida, la negligencia en los festejos de Navidad

Navidad de terror en Orán: una bala perdida atravesó un techo e hirió a una nena de 8 años. (Fotos: gentileza El Tribuno).
La Policía investiga un video que puede ser clave en el caso de la nena de 12 años herida por una bala perdida

La madrugada del 25 de diciembre, lo que debía ser un momento de brindis y alegría familiar en una vivienda de la localidad de Aldo Bonzi se convirtió en una pesadilla en cuestión de segundos. Una niña de 12 años, que se encontraba celebrando junto a su familia, se desplomó repentinamente ante la mirada atónita de sus padres. Lo que inicialmente se confundió con un desmayo o el susto por la pirotecnia resultó ser una herida de arma de fuego en la zona del cráneo. El impacto, provocado por una denominada “bala perdida”, es el resultado de una práctica tan negligente como letal: disparar al aire para “festejar”.

Qué pasó y cómo ocurrió el ataque

El hecho se registró pocos minutos después de la medianoche. Según el relato de los testigos y familiares, la víctima estaba en el patio de la casa cuando recibió el impacto. Fue trasladada de urgencia a un centro asistencial local y luego derivada a un hospital de mayor complejidad, donde fue intervenida quirúrgicamente. El parte médico actual indica que la menor se encuentra en la unidad de terapia intensiva con pronóstico reservado, luchando por su vida frente a las graves lesiones neurológicas provocadas por el proyectil.

La mecánica de estos incidentes es tristemente conocida por los peritos balísticos. Un proyectil disparado al aire no desaparece en el espacio: por leyes físicas, inicia una parábola de caída. Al descender, la bala recupera una velocidad terminal suficiente para atravesar techos de chapa, vidrios y, trágicamente, el tejido humano. En este caso, el proyectil encontró su destino en el jardín de una familia que solo intentaba celebrar el cierre del año, evidenciando el desprecio total por la vida de quien apretó el gatillo a varias cuadras de distancia.

El curso de la investigación y los videos clave

La investigación penal, caratulada preventivamente como “lesiones gravísimas”, está a cargo de la fiscalía de turno de La Matanza. Desde el primer momento, las fuerzas de seguridad iniciaron un relevamiento casa por casa en un radio de quinientos metros para intentar localizar el origen del disparo. La dificultad técnica de estos casos radica en que, a diferencia de un ataque directo, el tirador no suele tener vínculo con la víctima y el lugar del hecho puede estar a una distancia considerable.

Sin embargo, en las últimas horas de este 26 de diciembre, un avance tecnológico podría dar un giro definitivo a la causa. La Policía de la Provincia de Buenos Aires comenzó a analizar un video captado por una cámara de seguridad privada ubicada a unas tres cuadras del lugar del incidente. En el registro, cuya calidad está siendo mejorada mediante software forense, se observaría a un grupo de personas frente a un domicilio particular realizando detonaciones al aire durante los festejos.

Este material es considerado clave por los investigadores, ya que permitiría individualizar a los sospechosos y realizar allanamientos para el secuestro de las armas involucradas. La fiscalía ordenó además pericias de triangulación balística, cruzando los datos del video con la trayectoria estimada de la bala extraída. De confirmarse la autoría, el responsable podría enfrentar penas de prisión efectiva.

Un problema que se repite en todo el país: el caso de Salta

(Foto: Especial)
Navidad de terror en Salta: una bala perdida atravesó un techo e hirió a una nena de 8 años. El disparo ingresó desde el exterior durante los festejos y rozó a la chica detrás de la oreja y en un brazo.

El drama ocurrido en Aldo Bonzi no fue un hecho aislado ni una excepción trágica. A más de mil kilómetros de distancia, en la provincia de Salta, otra familia vivió una pesadilla casi idéntica durante la misma noche de Navidad.

Según informó el medio TN, una niña de apenas 8 años resultó herida luego de que una bala perdida atravesara el techo de su vivienda e impactara en su cuerpo mientras se encontraba dentro de la casa. El disparo también habría sido efectuado al aire, en el marco de festejos irresponsables, repitiendo un patrón que se reproduce año tras año en distintas provincias del país.

En este caso, el proyectil perforó la estructura de la vivienda y alcanzó a la menor, que debió ser trasladada de urgencia a un hospital local. Si bien su vida no correría peligro, el hecho volvió a encender las alarmas sobre una práctica que muchos insisten en minimizar como “tradición” o “celebración”, pero que en la realidad funciona como una ruleta rusa colectiva.

Ambos episodios —el de Buenos Aires y el de Salta— ocurrieron con pocas horas de diferencia y bajo circunstancias casi calcadas: disparos efectuados sin objetivo, proyectiles que caen en zonas residenciales y niñas convertidas en víctimas de una violencia absurda e innecesaria. La coincidencia temporal expone con crudeza que no se trata de hechos fortuitos, sino de una conducta extendida, naturalizada y peligrosamente tolerada.

Un fenómeno recurrente y subregistrado

De acuerdo con relevamientos de organizaciones civiles y registros policiales provinciales, cada año se reportan en Argentina decenas de heridos y al menos varios muertos por balas perdidas, con picos durante fechas festivas como Navidad, Año Nuevo y celebraciones deportivas. Especialistas advierten que muchos casos no llegan a estadísticas oficiales porque los responsables no son identificados o las lesiones no se denuncian formalmente.

La reiteración de estos hechos revela una falla estructural: controles laxos sobre la tenencia y el uso de armas, una cultura que banaliza el riesgo y una respuesta social que suele llegar tarde, cuando la tragedia ya está consumada. Mientras una niña pelea por su vida en terapia intensiva y otra carga con una herida que pudo haber sido mortal, el debate vuelve a instalarse, una vez más, sobre la urgencia de erradicar prácticas criminales que no tienen nada de festejo.

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